Ricardo Muñoz Munguía

Toda persona tiene una historia, y en palabras del escritor Mario Calderón, “cada uno es una novela”. También se ha dicho que la gente feliz no tiene historia, y en el volumen que hoy nos ocupa, se dan muchos instantes de una historia, en la que la memoria es un eje incandescente, motivo de hurgar en la presencia del “Papá”, en las figuras celestes que se vuelven ensoñaciones, sueños que son una presencia repartida en cuerpos del espacio y “Ternura”, que es rumbo de una voz envuelta en polvo que es tiempo, en destellos de temor, en un ser que habita la distancia con intensidad.
Ternura, de Ileana Garma (Mérida, Yucatán, 1985), es un libro que dice lo que no se dice, pues los versos o la prosa que utiliza la autora egresada de la Escuela de Creación Literaria de la Sociedad General de Escritores Mexicanos, inyectan la palabra en el fondo: uno lee mientras la danza de la voz siente su ritmo en la espiritualidad que habita —nos habita—, y Garma va dejando rastros para nombrar el instante con la sugerencia primera, que es lo escrito, como lo expone en un fragmento de su poema en prosa que titula repetidamente “Papá”: “Prefiero ir hacia donde la historia que me contaron de tu ausencia, era una laguna. Dentro de la telaraña, flotando también en la aridez de la rutina, en la penumbra de la luz y de Dios, en el vacío. Retroceder sobre una pena, ese mecanismo absurdo y aparatoso de las lágrimas y no el obligado amarillo de la perfección. Hacia atrás como los colibríes, porque lo nuevo es ayer, mi falta de comprensión y mi distancia, mi disfraz de rompeolas, mi disfraz de lluvia”. Viene a ser un especie de trazo de líneas paralelas, una marca espiritual que deja verse agitada y temblorosa pero, a la vez, de pleno enfrentamiento a lo que guarda en sus manos.
El poemario Ternura, acreedor al Premio Casa de Letras 2012, está repartido en cuatro secciones, en las que enmarca un panorama que está entre el sentir y la visión celeste. La autora se ocupa desde una línea media nombrar su pasión
—sobre todo— dolorida y a la vez se centra en cuerpos celestes. Un interesante juego que vale la pena adentrarse.
Por otro lado, no diremos aquí que el título de este poemario es desafortunado, es, más bien, sumamente arriesgado. Se trata, pues, de un libro con más aciertos que infortunios. Que no permite una regularidad en las imágenes que muestra o en los versos que en su mayoría caen en mejor acierto pero que, sin duda, permiten dar asomo a una autora con tintes valiosos.

Ileana Garma, Ternura. Dirección de Literatura (Difusión Cultural, UNAM), México, 2013; 87 pp.