Ya se tienen buenos resultados
René Anaya
No constituye una idea nueva la búsqueda de medicamentos en los océanos, pues ya desde hace unos cinco mil años culturas como la china, japonesa y romana empleaban plantas marinas en contra de ciertas enfermedades, como el bocio, y el sargazo, entre los romanos, para tratar las quemaduras.
Lo novedoso es que actualmente se están invirtiendo recursos económicos para dar sima a un proyecto que busca llegar al fondo del problema: investigar la forma en que seres de las profundidades marinas sobreviven en condiciones adversas, como la oscuridad, el frío y la inmovilidad, en algunos casos, con el objetivo de identificar y sintetizar sus sustancias defensivas para utilizarlas como medicamentos para el ser humano.
La bioprospección oceánica
Los investigadores han emprendido en el océano una labor de bioprospección (proceso de búsqueda y evaluación para identificar, seleccionar y aislar componentes útiles de la biodiversidad, según la definición de expertos en el tema), gracias a los fondos públicos y privados que se les han concedido.
Los Estados Unidos realizan la investigación con fondos públicos en el Programa Nacional de Investigación Submarina de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, el Instituto de Oceanografía Scripps de California, la División Harbor del Instituto Oceanográfico de Florida, la Universidad de California de Santa Cruz y las universidades de Mississippi y de Alabama; por su parte, las compañías farmacéuticas estadounidenses invierten miles de millones de dólares, principalmente los laboratorios Pfizer Inc., Johnson & Johnson, Merck & Co. Inc. Abbot, Novartis, Aventis, Eli Lilly, Inflazyme y hasta la empresa de cosméticos Estée Lauder.
La Unión Europea ha destinado, en una primera etapa, 10.5 millones de dólares a la investigación de medicamentos en el mar, pero se ha planeado que en la siguiente fase de exploración se inviertan 200 millones de dólares. Otros países con menores recursos pero con un interés por la investigación marina son China, Japón, Colombia y Brasil.
Las medicinas del mar
El interés por la biodiversidad marina no es únicamente por el deseo de saber de los científicos, sino principalmente por las potenciales ganancias que se obtendrían de los medicamentos del mar, ya que como ha señalado el doctor Andrew Moggs, de la Asociación Escocesa para la Ciencia Marina: “La razón por la que nos estamos fijando en estos nuevos compuestos bioactivos del mar se debe a que la naturaleza es una diseñadora fantástica, que constantemente está haciendo y probando cosas nuevas”.
Pero las lagunas legales impiden explorar intensivamente el mar: “Para las empresas es particularmente importante tener una claridad legal cuando trabajan en aguas abiertas, debido a que están haciendo una inversión gigante. Costará dinero desarrollar el medicamento y someterlo a pruebas clínicas, y si no tienen una certeza legal, potencialmente perderían el derecho a producir ese fármaco, algo que para ellos no es aceptable”, ha señalado la profesora Linda Harvey, experta en biotecnología marina, de la Universidad de Strathclyde, Escocia.
Por ahora no hay un consenso sobre la propiedad de lo que se encuentra en el mar, fuera de la zona de exclusión económica (más allá de las 200 millas náuticas de la línea costera de los países), lo cual es importante porque ya hay productos prometedores de esa investigación.
Shirley Pomponi, directora ejecutiva del Instituto para la Colaboración en la Exploración, Investigación y Tecnología Oceánica de los Estados Unidos ha subrayado que “los arrecifes de coral cuentan con una biodiversidad enorme y, como tales, contienen un potencial ilimitado para el hallazgo de sustancias químicas de las cuales pueden desarrollarse medicamentos. Los arrecifes de coral están ahora siendo descubiertos incluso en el océano profundo. Estos recursos han sido desaprovechados y la investigación farmacológica evoluciona constantemente”.
Efectivamente, ya se tienen algunos medicamentos procedentes del mar, como la trabectedina, obtenida de una ascidia o tunicato (organismo marino que vive adherido en el fondo marino) que se comercializa como Yondelis, la cual se indica para el tratamiento de pacientes con sarcomas avanzados en tejidos blandos (tumores de músculo, tendones y tejidos de soporte).
Otra medicina del mar es la ziconotida, un analgésico mil veces más potente que la morfina, empleado para combatir el dolor grave crónico, que proviene del caracol Conos magnus, de venta en la Unión Europea.
Como se aprecia, la exploración marina sistemática, que apenas comienza, ya ha obtenido buenos resultados, por lo que será conveniente que las Naciones Unidas logre un acuerdo mundial sobre la propiedad de la flora y fauna de las aguas internacionales, antes de que las grandes empresas privaticen el conocimiento y la salud.
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