Los restos de un pasado promisorio

René Avilés Fabila

 Alrededor de 1965, Fidel Castro de pronto apareció en la Universidad de La Habana, sorpresivamente, para hablar con los estudiantes. Eran habituales sus encuentros con una eufórica población que estrenaba revolución, un nuevo tipo de vida. Allí Fidel dijo que Cuba no fue tan afortunada como otros países latinoamericanos. México tenía petróleo; Chile, cobre; Argentina y Brasil, enormes territorios, mientras que Cuba vivía de la caña de azúcar.

Cuando visité la isla por vez primera, orgullosos funcionarios cubanos me mostraron algunas pequeñas fábricas. Recuerdo una que producía ollas de presión. La idea era industrializar Cuba, no permitir que viviera sólo de la caña. Para ello los cubanos imaginaban contar con el apoyo del poderoso bloque socialista en una época en que la globalización socialista avanzaba a grandes pasos. Ernesto Guevara, en su fugaz paso como funcionario público hizo esfuerzos por crear fábricas y producir lo que el bloqueo norteamericano frenaba y lo que los países socialistas no podían brindarle. No lo consiguió, su destino era otro, el de guerrillero y mártir revolucionario.

De pronto, el socialismo se derrumbó. Todos pudimos apreciar que el gigante estaba mal edificado. Para Cuba fue el peor golpe de su existencia.

Ahora Cuba recupera el capitalismo. Poco a poco ha ido permitiendo, no tiene otra alternativa, la presencia de inversionistas extranjeros. Fidel está viejo, enfermo y cansado aunque sigue siendo una figura simbólica de una Revolución que ha dejado muchas enseñanzas positivas y negativas. La gran hotelería está en manos de extranjeros, los capitales del exterior comienzan a invadirla. El gobierno habla de más cambios, de una especie de economía mixta como la que señalaba en México el presidente López Mateos en 1959. Es evidente que el capitalismo ha triunfado, en la ex Unión Soviética, en China, en Vietnam, en los antiguos países comunistas de Europa oriental y desde luego en una Cuba desprotegida, rodeada de incomprensión y padeciendo la aversión de la gran potencia militar, Estados Unidos.

Pareciera que no tenemos en el orbe otro camino que no sea el capitalismo salvaje, inalterablemente salvaje como lo ha sido siempre. El marxismo es ahora visto como una utopía y no como ciencia. Cuba no supo buscar a tiempo su propia ruta, su independencia económica. Sin duda ello fue así por la presión de los norteamericanos y sus aliados europeos.

Ahora Cuba es la suma de restos de un pasado promisorio que no cuajó por una u otra razón. No hay camino atrás, debemos pensar en nuevas formas de organización social para alejarnos del monstruo depredador que es el capitalismo, lo que no parece poca tarea. La economía de libre empresa tiene mil cabezas, le cortan una y brota otra nueva. Pero es un sistema pleno de contradicciones, tal como lo señaló Marx, algo que es válido y visible. De allí la necesidad de frenar, cuando menos, los excesos del capitalismo y darle a las naciones un rostro humano.

 

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