Vuelven a las calles

 

 

Humberto Musacchio

 

Cuando una sociedad está en crisis, como es el caso de la mexicana, la inconformidad brota de la manera más inesperada, en sectores que suponemos ajenos a la protesta y en momentos en que, por la euforia futbolera, uno supondría que toda la atención está centrada en la gesta en calzoncillos que se desenvuelve en Brasil. Pero no.

Las manifestaciones de médicos y enfermeras ocurridas en decenas de ciudades, por cierto con grande e inusitada asistencia, han sido en protesta por los intentos de criminalizar la profesión de quienes se dedican a cuidar la vida. En concreto, la gente de bata blanca vuelve a salir a las calles con la exigencia de que se cancelen las órdenes de aprehensión que pesan sobre 16 profesionales de la medicina, acusados de homicidio culposo, pese a que la Comisión de Arbitraje Médico determinó que no había elementos incriminatorios.

De este modo, el personal médico vuelve a las calles, lo que no ocurría desde 1964-65, cuando en toda la república los trabajadores de la salud salieron a exigir mejores salarios, prestaciones necesarias, condiciones de trabajo menos inhumanas, medicamentos y equipo suficientes para hacerle frente a una demanda que crecía mucho más rápido que los recursos para atender al público.

Aquel movimiento comenzó a fines del sexenio de Adolfo López Mateos, cuando el país estaba en silencio después de que habían sido brutalmente aplastados los movimientos de los profesores de la sección IX del SNTE, diversos núcleos de petroleros y sobre todo los ferrocarrileros encabezados por Demetrio Vallejo.

El movimiento médico fue el cierre de un sexenio ferozmente represivo y el comienzo de un gobierno que desembocó en lo criminal: el encabezado por Gustavo Díaz Ordaz, quien pagó una campaña difamatoria y soez contra el gremio de la salud, lanzó contra sus marchas piquetes de trabajadores de Limpia y Transportes del Departamento Central que tiraban fruta y huevos podridos contra la albeante indumentaria de los manifestantes, quienes finalmente fueron sometidos mediante el despido masivo y la canallada de cerrar las instituciones públicas a eminencias como don Ismael Cosío Villegas.

Hoy, más allá de la causa particular que originó las marchas, se ha hecho público el disgusto del personal médico por las condiciones en que realizan su trabajo, otra vez con cargas excesivas, sin elementos suficientes, tan desprotegidos como la población que requiere de sus servicios, con las instituciones del ramo en franco deterioro. Y aun así, médicos, enfermeras y personal de servicio trabajan y cumplen…