Cajón de sastre

Mireille Roccatti

Los últimos días en casi todo el mundo, el tema de la celebración del Mundial de Futbol Brasil 2014 ha desplazado la atención del público de otros tópicos, problemas y realidades que de manera cotidiana impactan la vida. La atención se centra en cuestiones deportivas como las lesiones de jugadores iconos de sus respectivas selecciones o, en el caso de México, sobre quiénes serán los jugadores titulares; ya se sabe que son millones de directores técnicos los que dirigen el Tricolor.

Aunque de manera creciente los ojos de todo el mundo contemplan estupefactos la tensión social en Brasil, que exhibe un pueblo con una tercera parte en condiciones de pobreza extrema, ira social por las corruptelas en la realización de obra pública de infraestructura, incluida la construcción de estadios innecesarios para los juegos, rebeldía obrera en servicios públicos, de las cuales la publicitada ha sido la huelga en el Metro de San Paulo, y un descontento social generalizado. En resumen, el Brasil emergente, que disminuyó su deuda, ha venido creciendo económicamente de manera sostenida, ha sacado a millones de sus habitantes de la pobreza; el milagro brasileño enseña al mundo la parte sombreada de su realidad.

Por otra parte, el tema mundialista se utilizó por algunos sectores de la izquierda mexicana para delirios complotistas, imaginando un montaje por medio del cual el Mundial se organizó para distraer a los mexicanos de la discusión parlamentaria respecto del contenido de la reforma energética. Y la pregunta sería: ¿con qué nos distrajeron cuando se aprobó la reforma constitucional? Y, ¿acaso si no hubiera Mundial sí estaríamos pendientes?

Otro tema que ha ocupado la atención es el relativo a la visita del presidente Enrique Peña Nieto al Vaticano, donde fue recibido por el nuevo pontífice argentino, quien aceptó visitar nuestro país, en fecha por fijarse, lo que también implico que los delirantes en uso de su fértil imaginación lo ubiquen a mediados del año próximo para apoyar al PRI, en las elecciones intermedias. Lo que de esta visita puede deducirse es que la normalización de las relaciones del Estado mexicano con el Vaticano, esto es, con la Iglesia católica, ha transitado a un grado de madurez y respeto, donde se entiende perfectamente que somos un Estado laico, no uno antirreligioso.

La presencia de nuestro presidente coincidió con la reunión en los jardines vaticanos del Papa con los presidente de Israel y Palestina, en un eslabón más en la búsqueda de paz en Medio Oriente, lo que resaltó la importancia de la visita del Ejecutivo mexicano al líder de la Iglesia católica.

La siguiente estación del periplo del presidente Peña Nieto fue España. Su arribo coincidió con el anuncio de la abdicación, decisión que parece tardía. La monarquía ha dejado de ser un factor de concordia en estos tiempos difíciles de aguda crisis económica, de intentos separatistas, de escándalos de corrupción del gobernante Partido Popular, todo ello inmerso en una tensión y turbulencia social que vislumbra vientos de fronda.

El rey Juan Carlos dilató su decisión hasta que olió la ira social y se vio inmerso en el marasmo de la corrupción, quizás —afirman otros analistas— midió los tiempos hasta que el PSOE perdió el poder, porque se le percibe más a gusto con los populares, cualquiera que haya sido la razón de alargar la decisión de irse, la abdicación parece tardía.

La respuesta inmediata de una gran parte de la población española fue el repudio a la monarquía, las concentraciones populares en la Plaza del Sol, fue impresionante, al igual que en las principales ciudades de España. El reclamo fue un referéndum para decidir si debe continuar la monarquía.

Lo más importante que olvidan convenientemente los demócratas de ocasión, es que la restauración de los Borbones a la muerte de Francisco Franco es ilegítima de origen. La República Española terminó por un sangriento golpe militar que instauró una feroz dictadura y que, al final de sus días, regresó por la puerta de atrás a la monarquía.