Ricardo Muñoz Munguía
La magia está dada, el deslumbramiento se fija en todo el cuerpo. La infancia detrás de un muro se escucha con sus tonos de luz, es entonces que hacer un recorrido por esos lugares es cerrar los ojos (acudir a la llave) y entrar a las ramas del árbol inamovible que nos espera, como un fruto que ha de volver. Los sueños tienen la misma intensidad que las situaciones reales, por eso también aquí caben, en la exposición de la memoria.
Eduardo Estala Rojas (Cuernavaca, Morelos, México, 1980) reconoce, y se reconoce, en los terrenos de la infancia, y es ahí donde vuelve, donde están los rastros/elementos para trazar el camino recorrido de la edad de Cristo. Sus 33 años lo han jalado a cumplir con un orden de memoria, y lo hace bien, utiliza con precisión las imágenes que le fueron dadas y ahora con aquel compromiso que guardaba acaricia la puerta de la habitación de los recuerdos y utiliza la llave para proyectar en bloques su infancia, la que está comprendida también con las voces ajenas, es así que nos entera de su voluntad y carácter. Un ejemplo que pongo: el nombre a un bebé no será el que nos guste, sino el que debe llevar, es entonces que entre los versos nos menciona Estala Rojas que todo apuntaba, según la voluntad de su abuela y su madre, a que se llamaría Giovanni, pero él, al año de edad ya hablaba, al menos el nombre que debía llevar: Eduardo.
El recorrido es intenso. Las personas que marcan al escritor avecindado en Nottingham, Reino Unido, son su abuelo (el que se rodeó de personalidades destacadas, tanto en su vida como en su muerte), su abuela (“curandera”, en la tierra del espiritismo: Tepoztlan, Morelos), su madre, su hermano, con quienes ha forjado este libro que ahora nos presenta.
La llave de los elementos es una ruta por la memoria pero más allá de cumplir con un compromiso moral que adquirió Eduardo
—el de darle voz escrita a las voces de sus familiares— es una ruta del espiritismo. La abre con lo que escucha en vida de su abuelo y las personas que lo rodean, y cierra con lo que nuevamente escucha de su abuelo ahora desde el otro lado, donde se hace acompañar de otras presencias que también están en el regazo de la muerte pero que se asoman a través del espiritismo, como Arthur Conan Doyle o Agustín Lara.
Un libro maravilloso es el que nos presenta el director del Mexican Cultural Centre (MCC), un órgano cultural y literario registrado con toda legalidad en el Reino Unido, que es importante promotor y difusor de la actividad literaria, periodística, de conferencias, cine y publicaciones de México y, por otro lado, es de destacar que es el primer organismo con esta figura en el país europeo. Un libro maravilloso y deslumbrante por las diversas imágenes que se ubican en el territorio de la magia y el espiritismo. Un libro que debió aterrizar en la pista de la narrativa; no molesta que tenga los trazos de versos pero por su forma y las escasas metáforas, además del contenido, sin duda, pudo haber tomado mejor la forma de novela. Un libro que, también debo mencionarlo, me abre la inquietud, pues confirma que lo que en uno está definido, que es el destino, por llamarlo de algún modo, y así, a donde se vaya, “en cada rincón del mundo, hay un espacio que se parece a ti”.
Eduardo Estala Rojas, La llave de los elementos. Edición de autor, Reino Unido, 2013; 62 pp.
