Estados Unidos teme que la guerra civil en Irak pase a ser un conflicto grave entre suníes y chiíes en Oriente Medio. La complicidad de Arabia Saudita y otros países suníes del Golfo Pérsico con los insurgentes iraquíes y la cercanía del Irán chií al primer ministro, Nuri al Maliki, muestran escenarios que preocupan a Washington: desde la balcanización de Irak hasta el surgimiento en Mesopotamia de un santuario para terroristas.

Por lo que, ante el avance de los yihadistas del Estado Islámico de Irak y Siria (EIIL o ISIS por sus siglas en inglés) hacia Bagdad, en el que en las últimas horas han capturado dos pasos fronterizos, uno con Jordania y otro con Siria, que ha provocado enfrentamientos en Jordania, aliado clave de Estados Unidos que tiene en su frontera norte a Siria en guerra, el secretario de Estado de la Unión Americana, John Kerry, arribó el domingo pasado a la región porque busca presionar a los líderes chiíes de Irak para que formen un gobierno que incluya a suníes y kurdos, así como que los países suníes aliados de EU corten la financiación para los yihadistas que en las últimas semanas han tomado ciudades clave como Mosul para acercarse a Bagdad.

Los yihadistas “son una amenaza no sólo para Irak, sino para toda la región”, dijo Kerry en El Cairo, Egipto, en su primera etapa de la visita, y se comprometió a respaldar la lucha contra el terrorismo que libran la autoridades de Irak y a cumplir con el acuerdo de seguridad acordados por ambos países; también llegará a Amán, Jordania, vecina de Irak, mientras que a Bagdad no lo visitará.

El presidente Barack Obama, por su parte, ha advertido de que el conflicto podría extenderse a “aliados como Jordania” y acabar amenazando a Europa y a EU; La Casa Blanca atribuye parte de la responsabilidad en el caos actual a las políticas excluyentes con los suníes de su antiguo protegido, Al Malik.