Sólo quedará algo de verdor, aunque sea falso

 

René Avilés Fabila 

 

Ya nos acostumbramos a que todo proceso “modernizador” pasa por la destrucción del mundo vegetal, principalmente del derribo de árboles. No es nuevo saber que a diario mueren cientos de ellos en el arrogante Distrito Federal. Cuando abrieron los ejes viales, cientos de palmeras y árboles de distintas especies fueron eliminados. Su majestad el automóvil así lo exige. Ahora que somos una mega urbe, los gobiernos capitalinos nos han permitido, en el colmo de la generosidad, mantener algunas pequeñas zonas vegetales,  modestas áreas naturales supuestamente protegidas, como el Bosque de Tlalpan, que se puebla de puestos fijos y la ponen al servicio de grupos de corredores. Pronto la vegetación antaño floreciente quedará en macetas, jardines privados y en museos.

La semana pasada quedó claro que entre la Seduvi y la Secretaría de Medio Ambiente han eliminado más árboles, en una ciudad plenamente contaminada. Le abren mayores espacios a los vehículos. Entre la gruesa capa de esmog, los segundos pisos, puentes y enormes rascacielos en una ciudad cuya debilidad ha sido una y otra vez probada por la naturaleza, sobrevivimos muy felices muchos millones de mexicanos.

La Seduvi y la Secretaría de Medio Ambiente, pésimamente dirigidas, anunciaron medidas para sanear lo poco que nos resta del mundo vegetal. Primero fue el derribo de árboles porque los dañó el gusano barrenador, ahora en Polanco el culpable del desastre natural es del escarabajo descortezador. De tal manera, los capitalinos presenciamos un enorme ecocidio. Asombra que los habitantes del DF permanezcan casi mudos ante la extensiva desaparición de palmeras y árboles. El concreto florece con amplitud y facilidades, los postes surgen y los edificios eliminan toda posibilidad de crecimiento vegetal. Todo, explican las autoridades, es para detener el crecimiento de las plagas o para que aparezcan nuevas avenidas y grandes zonas comerciales.

Por fortuna no sólo existe el plástico sino que hay nuevos materiales que nos permitirán suponer que amplias áreas cubiertas por cemento, edificios, comercios de lujo, tienen algo de verdor, no importa que sea falso.

Pero qué puede hacer un simple ciudadano para evitar que se acabe el mundo natural si ya el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial y la Secretaría del Medio Ambiente del DF, aprobaron el derribo “como parte del avance en la primera etapa de la segunda fase del megaproyecto de rehabilitación… Qué tal. El resto será plantar edificios para gastar más agua y atraer más población urgida de servicios. Para fortuna de las autoridades, somos muchos pero todos sumisos. La resistencia se produce sólo cuando afecta a unos pocos con posibilidades de indignación

 

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