POLÍTICA Y GOBIERNO

 

Quizá nos espere una sorpresa

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Antonio Machado

 

Jorge Carrillo Olea

 

 

Si yo fuera español estaría luchando por la III República. La II República externamente ha sido heroica, internamente hizo subsistir muchas justas heridas. España sigue siendo muy conservadora, muy de derecha, católica y por ende monárquica, aunque el símbolo de ese monarquismo, Juan Carlos, verdaderamente haya salido hecho una ruina. Las reacciones opositoras que se ven son eso: fastidio del rey, pocas son ideológicas.

 

Él nunca lo confesará pero los estudiosos acabarán desnudando que tras su abdicación estuvo el hecho de que, o bien se asumía la desaparición de Juan Carlos como rey, o la herencia de Felipe y la estabilidad nacional estarían en seria duda.

 

Es cierto que el reinado de Juan Carlos presenció y participó en alto grado en la trasformación de España, la medieval, la cercada y retrasada que dejó Franco. Vio la transformación a esta España que hoy no vemos en su mejor momento ni en el futbol, pero eso no opaca su preminencia.

 

España es y será un gran país, sobra decir porqué, hoy vive momentos de desconsuelo que la quieren hacer comparable con Grecia o Portugal. Imposible, su rango es otro.

 

Los peores desafíos para el rey Felipe son menos que precisos. Son una nube obscura, indefinida, sin aristas pero rugiente y amenazante, desafíos poco determinados. Los únicos componentes concretos son la economía y sus consecuencias, la xenofobia, la ambición de la soberanía catalana, la no menor vasca o la gallega o la andaluza. En estos tiempos de la mundialización, su contradicción, los regionalismos son toda una fuerza.

 

El problema de fondo de don Felipe consiste en hacer reencontrase a España consigo misma. Encontrar explicaciones y alientos para las generaciones de personas que culpan por igual a la izquierda del PSOE que a la derecha del PP. Los malos son Felipe González, Zapatero, José María Aznar, Rajoy y sus pandillas. Quisieran verlos ante el garrote vil, aunque así nada se arreglara.

 

Lo único que los españoles ven, y en serio, y cada día, y en cada expresión de la vida pública, es que las instituciones viven un desbarajuste económico y político y la sociedad está sumida en el desaliento. ¡He ahí el reto del rey Felipe!

 

El mayor capital de Felipe es todavía su edad, aunque ya no es un crío y sí, también haber visto gobernar, acertar y errar por décadas; haber estudiado en EU y Canadá y haber visitado muchos años Latinoamérica aunque fuera en circunstancias sólo protocolares. Pero la verdad es que es un rey velado, ignoto. El “tapado” español.

 

Con 46 años de edad, tiene de vida el equivalente a la media española y sin embargo no parece hacer una buena conexión con su generación, ni es tampoco ídolo de las juventudes. Su galanura le reporta poco. Se ha acogido a la endeble receta del deporte para simular que es parte de la juventud pero ni ahí logra ser seductor. Como rey no nace joven.

 

Su padre, y más su madre, lo han mantenido envuelto en celofán. En verdad y a fondo, ideológicamente poco o nada se sabe de él. No se sabe a qué llega comprometido. Sus discursos en las premiaciones de los galardones Príncipe de Asturias son buenas piezas oratorias, a las que está más que obligado pero en el fondo no dejan ver qué quiere, qué le duele, a qué estaría dispuesto. Tal vez ha sido la prudencia propia del heredero y nos espere una sorpresa.

 

Parece ser un individuo ausente. Salvo en la terrible contingencia del metro de Madrid en marzo de 2004, en la que mostró emoción, nada se sabe de sus estímulos vitales, fueran los buenos o los malos, los que tenemos los humanos.

 

Aquel movimiento de Los Indignados de mayo de 2011, tan justo, tan legítimo y tan juvenil, nada le dijo o no lo dejó ver. Qué tanto le duelen las angustias populares, el paro, la precariedad, la falta de expectativas para los jóvenes, la xenofobia impulsada por la derecha, la corrupción, la salud pública o la educación, poco se sabe.

 

La debilidad de los actores políticos como Rajoy, la falta de rostros fascinantes, carga el acento sobre sus espaldas. Su presidente de gobierno pinta para ir de salida. No le ayudará en nada, será una especie de reedición del Arias Navarro que le heredó Franco a su padre.

 

Se esperan, lo esperan los españoles y quienes quieren esa tierra, que el rey pronto cree una nueva unidad emocional y social. Que aquel fantasma de las Dos Españas que poetizó Machado quede conjurado para siempre.

 

hienca@prodigy.net.mx