Anoche el Senado aprobó con 89 votos a favor y 27 en contra, el tercer dictamen de la legislación secundaria en materia energética, relativo a las leyes de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad, y reformas a las leyes Federal de las Entidades Paraestatales, de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público, y la de Obras Públicas y Servicios Relacionados con las mismas.

Con la nueva legislación, las otras empresas paraestatales son denominadas empresas productivas del Estado, tendrán autonomía presupuestaria y posibilidad de celebrar contratos, convenios, alianzas o asociaciones o cualquier acto jurídico con personas físicas o morales de los sectores público, privado o social, nacional o internacional.

En el caso de la CFE, podrá importar, exportar, transportar, almacenar, comprar y vender  gas natural, carbón y cualquier otro combustible.

En el caso de Pemex se establece que podrá llevar a cabo actividades como la comercialización de productos de fabricación propia, a través de redes de comercialización, así como la prestación de servicios vinculados con su consumo o utilización, en el país, en su zona económica exclusiva o en el extranjero.

Una vez aprobado, el dictamen fue remitido ya como minuta –tal como ha sucedido con los anteriores dos dictámenes—, a la Cámara de Diputados para su discusión, y, en su caso, aprobación.

Este lunes se llevará a cabo la discusión y aprobación del cuarto y último dictamen de la legislación energética.

Ayer, en el cuarto día del periodo extraordinario de sesiones, los legisladores de izquierda advirtieron sobre “el desmantelamiento de Pemex y la CFE”, en tanto que el PRI y el PAN sostuvieron que la transformación fortalecerá a ambas empresas.

El petista Manuel Bartlett expresó que lo que se hace con ambas instituciones “es una especie de transmutación absolutamente ilegal e inconstitucional, de empresas públicas en empresas privadas, lo cual ya para quienes mienten diciendo que no se privatizan, es  claro: se van a regir por régimen privado, ya no como empresas públicas”.

Pero a decir del priista Ernesto Gándara, México lleva muchos años con una economía en franco estancamiento, “por eso vamos por una reforma energética, que nos permita ser un país más productivo, más competitivo; que genere y detone más inversión, más empleos y desde luego los satisfactores y las necesidades de nuestra gente”.

Dijo que la reforma energética busca que Pemex y la CFE se conviertan en empresas más productivas del Estado.

Sin embargo, el perredista Benjamín Robles enfatizó que se debe modernizar y fortalecer a Pemex, sin llegar a su privatización, ni la del aprovechamiento de los hidrocarburos.

El panista Jorge Luis Lavalle señaló que con la reforma energética se busca que Pemex sea una empresa realmente eficiente, transparente y enfoque todos sus objetivos hacia dar los mejores resultados.

“Esta reforma en lo general y de manera transversal lo que ha buscado es generar equilibrios: equilibrio para evitar abusos de poder; equilibrio para generar confianza;  equilibrio para generar certidumbre entre todos los jugadores del sector energético”, dijo Lavalle.

La perredista Dolores Padierna enfatizó que “la verdadera razón de esta reforma energética, así llamada, es la presión que tenemos de parte de Estados Unidos para venderles petróleo, es aumentar  la producción del petróleo lo más que se pueda para mandarlo a Estados Unidos; lo cual es una decisión muy irresponsable”.

El priista David Penchyna acusó al PRD de tener como estrategia repetir medias verdades para concretar mentiras completas, leer de manera segmentada las leyes y desconocer la reforma constitucional de diciembre pasado.

“No entender que Pemex tiene la necesidad de emigrar de un monopolio a ser una empresa que compita para generar valor. Y que para eso la queremos sujetar al mundo mercantil, para librarla de ataduras, de esas ataduras reiteradamente criticadas”, dijo Penchyna.