La necedad de continuar con el Hoy No Circula

Mireille Roccatti

Las últimas semanas, el tema de la nueva regulación para el programa Hoy No Circula acaparó la atención mediática, en virtud del grave descontento social que generaron las modificaciones al programa, las cuales afectan básicamente a los capitalinos de menores ingresos y que poseen automóviles más viejos. Al respecto conviene recordar las circunstancias en que nació este programa.

Hace poco más de un cuarto de siglo, la ciudad de México comenzó a sufrir un fenómeno de contaminación ambiental derivado de la inversión térmica que básicamente consistía en que en las capas bajas de la atmósfera se concentraran las partículas suspendidas contaminantes y que éstas se elevaran a las capas superiores donde los vientos las dispersarían. ¿Que sucedió?, que con motivo del desarrollo político económico de nuestro país, se concentró en la ciudad de México el establecimiento de la industria, aunado al crecimiento poblacional que se incermentó de manera desorbitada, volviendo la macrocefalia de la megalópolis que sufrimos desde siempre, casi insostenible.

A lo anterior, debe agregarse que se descuidó el desarrollo planificado del servicio público de transporte colectivo, privilegiando el uso del automóvil, que se había convertido para la clase media emergente, en una cuestión aspiracional, que otorgaba estatus social a sus poseedores, lo que se tradujo en un alto crecimiento del parque vehicular y su envejecimiento paulatino.

La emisión de gases contaminantes a la atmósfera, además de los automóviles particulares, provenía como hasta ahora de los viejos y ostensiblemente contaminantes autobuses, micros, peseras y taxis; más agréguele usted las chimeneas de fábricas y otros establecimientos comerciales, como baños públicos.

A lo anterior, debe sumarse la malísima calidad de las gasolinas que contenían altas concentraciones de plomo. Para enfrentar el problema se diseñó una política pública, que entre varios componentes instituyó la restricción de la circulación de los automóviles de los particulares, la cual debería complementarse con otras, que a lo largo del tiempo se han incumplido o atendido parcialmente.

La descentralización de las industrias de la zona metropolitana perdió impulso y los incentivos fiscales para promoverla, al paso del tiempo, se perdieron; el recambio del parque vehicular del transporte público se atendió cíclicamente, sin consistencia y sin rigor para con los concesionarios y, básicamente, se abandonó la decisión de aumentar las líneas del Metro; el mejoramiento de la calidad de las gasolinas se extendió en el tiempo y se incumplieron plazos, el problema se atendió parcialmente con la exigencia del uso de convertidores catalíticos. El resultado está a la vista.

El anuncio de las modificaciones al Hoy No Circula, además de abrupto, no se acompañó de información respecto de medidas complementarias o quizás éstas no existen, lo cual les daría mayores argumentos a los opositores de esta medida. La solución debe venir de modificar el enfoque; lo que se debe combatir es la emisión de gases contaminantes, se debe restringir la circulación para los vehículos que contaminen, evitando la corrupción de los centros de verificación. El parámetro no debe, no puede ser la edad del automóvil. Si un automóvil tiene mantenimiento y es afinado con regularidad no contamina así sea de 15 años o más de edad.

La terquedad y necedad de continuar adelante sólo potenciará la ira social. La medida agravia a los pobres y las clases medias, que no cuentan con recursos económicos para comprar automóviles del año, el gobierno local debe replantear la política pública y complementarla con las medidas que desde siempre debieron acompañarla para hacerla integral y para todas las clases sociales sin distingo.