Partidos viejos, partidos nuevos
René Avilés Fabila
El que un país tenga muchos partidos políticos no significa que sea altamente democrático. México acaba de aceptar tres nuevos y las dudas e inquietudes iniciales son los gastos que llevarán a cabo, con dinero proveniente del esfuerzo de la sociedad. En pocos países hay un costo tan elevado por mantener una democracia que sigue despertando dudas. Tenemos partidos sin ideología, con sólo soportes pragmáticos, todos dicen ser avanzados y los hay que hasta se ven a sí mismos como izquierda, pero en la realidad, pelean por el centro con ligeras variantes.
La derecha tradicional, el PAN, pone distancia con el conservadurismo o al menos eso intenta, mientras que las izquierdas, todas sin excepción, serían a lo sumo centro-izquierda. Desean un poco más de justicia, algo más de democracia y un tipo de justicia social que no atente contra los intereses del gran poder económico.
El PRI hace años que es un partido de cómodo centro, es de todos ellos el que más se ha tomado en serio la economía de mercado que antaño defendió Acción Nacional. Eso sí, de pronto recuerda sus orígenes y hace declaraciones de corte social, trata, mal ejemplo del PRD de la época de Andrés Manuel López Obrador, de paliar la miseria y las desigualdades dando limosnas. De allí la presencia de Rosario Robles. Si resucitó de entre los muertos fue porque el actual gobierno requería a una experta en dádivas cuando lo que se requiere es dar trabajo, mejorar los servicios, no explotar más a campesinos, obreros y maestros de primera enseñanza.
Los tres nuevos partidos nacen con buenas dosis de sospechas sobre sus propósitos. Los tres dicen ser izquierdistas o algo semejante, el que posee mayor claridad es Morena, su dueño, López Obrador, quiere contender por la presidencia una vez más. De todos ellos será el más difícil, el que tiene mejores armas. Otro más dice ser humanista y el que resta afirma su vocación democrática y todos ellos se suman a los pedigüeños que viven del sistema político.
Hace muchos años, el PAN conmovía porque hacía rifas de automóviles en las calles para agenciarse dinero. Hoy lo recibe en su casa y proviene de nuestros impuestos. Hay partidos que son realmente negocios familiares, organismos para obtener empleos, curules, hacer dinero…
Los países anglosajones sólo tienen dos partidos, no les va mal y presumen no sólo de ser campeones democráticos sino que nos salvan al resto de los humanos para no caer en garras de doctrinas exóticas, antes el comunismo, ahora el islamismo. Para colmo, ellos se procuran sus recursos, no se los da, al menos oficialmente, el gobierno.
Caro nos cuesta mantener la democracia en México.
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