Bernardo González Solano
La situación geopolítica del Oriente Medio empeora. Dos mil años de historia no han sido suficientes para armar el rompecabezas de los “pueblos elegidos” cuyos orígenes están inscritos en libros tan respetados —o vituperados— según sea el caso: como la Biblia, el Corán, el Talmud y otros. La primera y la segunda década del siglo XXI ya han marcado la pauta en lo que a enfrentamientos de origen religioso se refiere. Ahora no es solo la disputa entre Eretz Israel y Palestina, ya otros protagonistas enconan aún más, si esto fuera posible, el ambiente del Levante. La división clásica entre la antigüedad y la modernidad, el 11 de septiembre de 2001 bruscamente se rompió cuando apareció en el escenario mundial la organización terrorista Al Qaeda (La Base) que demostró que se podía atacar al “Imperio” en su centro neurálgico (Nueva York, la capital económica de Estados Unidos de América) y después poder hacerlo en otras capitales de Occidente. Hace casi trece años el Tío Sam declaró la guerra al terrorismo islámico y el balance no es favorable a la Casa Blanca, pese a la sangría económica que esta lucha le ha representado.
Al Qaeda ya ha prohijado muchos retoños. Cada vez, más difíciles de combatir. Once años después de la invasión de Estados Unidos la “guerra contra el terror” no ha tenido éxito y Al Qaeda es un rival más peligroso encarnado en estos momentos por el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) —también conocido por su acrónimo en inglés ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria) o bajo el de Da´esh, utilizado en árabe de manera peyorativa—. En los últimos días, el yihadismo internacional ha obtenido su mayor victoria en Irak desde el ataque del 11/9 contra las emblemáticas torres del World Trade Center neoyorquino: la toma de Mosul, la segunda ciudad en importancia en Irak.
Para que nadie dude de qué se trata, el 31 de marzo último, el grupo yihadista EIIL publicó por segundo año consecutivo, un “informe anual” de 400 páginas de sus “actividades”, como si fuera una empresa que cotiza en la Bolsa de Valores. Esta organización se distingue por un moderno sentido de la innovación y de la comunicación que atrae a los analistas militares. El grupo ya ha avanzado en las redes sociales y da cuenta en tiempo real en Twitter y Facebook de su captura de Mosul, amén de los crímenes de masas que sus militantes cometieron en esta operación militar. En este informe EIIL se atribuye cerca de 10 mil operaciones armadas en Irak entre el mes de noviembre de 2012 y noviembre de 2013: 1,083 asesinatos, 4,465 estallidos de artefactos explosivos improvisados, ocho pueblos conquistados, treinta puestos de inspección permanentes en varias carreteras, centenares de prisioneros liberados y muchos “apóstatas arrepentidos”.
Podría sorprender esta macabra contabilidad, pero sirve a varios objetivos, estima Alex Bilger, autor de un análisis para el Instituto de la Guerra Americana ISW. Las estadísticas son una herramienta que contribuye a una mejor utilización de los recursos. Por ejemplo, la captura de Mosul fue una “operación anunciada”, por el hecho que desde hace dos años, más de una tercera parte de los ataques del EIIL se concentraban en la provincia de Nínive. Además, los números impresionan a los adversarios. El EIIL contaría, según algunos expertos, con 15 mil combatientes, dato que no se incluye en el informe anual. Tampoco informa de sus fuentes de financiamiento, que combinaría con apoyos exteriores (en particular en el Golfo Pérsico) y botines de guerra, es decir robo de bancos, asaltos, secuestros y tráfico de petróleo. El informe revela sobre todo una estructura de mando muy centralizada y una estrategia de conquista territorial cuidadosamente planificada. De acuerdo a Alex Bilger, “sus modalidades de acción se adaptan al estado que priva en cada provincia y se inscriben en un plan de conjunto que se desarrolla en varias fases. El EIIL no es simplemente una organización terrorista, es una insurrección armada que busca controlar el territorio. Lo que hay que tomar en cuenta en nuestra respuesta militar,… o si se convertirá en un elemento permanente en el Oriente Medio”.
Los terroristas yihadistas propugnan por el establecimiento de un nuevo califato que abarcaría varios países del Oriente Medio y empujan al ejército iraquí hacia Bagdad, los kurdos niegan su colaboración al gobierno chiíta de Nuri Al Maliki y es muy factible la amenaza de división del país. Once años después de que la invasión militar encabezada por Estados Unidos, entonces gobernado por George Walker Bush, derrocara a Sadam Hussein, y apenas tres después de la retirada de los últimos soldados estadounidenses, Irak parece a punto de saltar en pedazos. Con los embates del EIIL a las principales ciudades del país y a la refinería número uno iraquí, y las autoridades kurdas tomando de facto el control del territorio autónomo del norte ante la inoperancia del poder central, el peligro de desintegración del Estado iraquí se antoja inminente. Nerchivan Barzani, primer ministro de la región del Kurdistán iraquí, declaró a la BBC de Londres: “No creo que Irak vaya a permanecer unido después de lo que ha pasado en Mosul”.
Lo evidente es la descomposición del país y la crueldad de los fanáticos del EIIL. Terminó por explotar la tensión entre suníes y chiíes, alimentada por la política excluyente hacia los suníes implementada por Al Maliki; los insurgentes combaten con el ejército regular iraquí a pocos kilómetros de Bagdad y el mundo se “estremece” viendo como el EIIL ejecuta sin piedad—más de 1,600 soldados a quemarropa— a los militares “infieles” que caen en sus manos. “Orgullosamente”, el propio grupo hace circular fotografías por las redes sociales dando fe de las matanzas.
Mientras Barack Obama decide qué camino tomar —aparte de enviar 300 consejeros militares que no tomarán parte en ningún combate y usar drones, aviones no tripulados en casos específicos—, para ayudar al gobierno iraquí que ya solicitó urgentemente su ayuda para detener a los terroristas del EIIL, este grupo se ha convertido en la organización terrorista más rica del mundo. Según el periódico británico International Business Times, los militantes de la agrupación yihadista han robado los activos del Banco Central en la ciudad de Mosul, capital de la provincia de Nínive, lo que les llenó las arcas con dinero en efectivo en sumas increíbles. El gobernador provincial, Atheel al-Nujaifi, confirmó la información.
Los terroristas suníes robaron mucho dinero en billetes, así como lingotes de oro: 500,000 millones de dinares ($429 millones de dólares estadounidenses, es decir 256 millones de libras esterlinas). El EIIL ahora es tan rico como algunas naciones pequeñas: Tonga, Kiribati, las Islas Marshall, cuyo PIB fue de 187 millones de dólares en 2012. El grupo yihadista— que formó parte de Al Qaeda hoy actúa de manera independiente— tiene como fuente principal de sus ingresos, que se estiman en 2,000 millones de dólares al año, la venta de armas y el robo. Amén del apoyo (inexplicable) de gobiernos como el de Arabia Saudí. Al respecto, un artículo en el periódico británico The Times, del miércoles 25 de junio, del columnista Roger Boyes, titulado “Time to tell the Saudis some home truths”, señala que aunque Arabia es uno de los mejores clientes de armamento británico (citando el caso de la venta de aviones Typhoon concluido recientemente), “esos clientes no son ciertamente uno de los mejores aliados, ya que Arabia Saudita ha estado trabajando durante años contra nuestros intereses”. Además, agrega el articulista que el número de yihadistas saudíes es mucho mayor que el de cualquier otro Estado y que los salafistas (o wahabíes), corriente ideológica apoyada por Arabia Saudí, alientan a jóvenes en el Reino Unido y otros países europeos a tomar las armas y luchar contra los musulmanes shiíes y los no musulmanes o simplemente todo aquel que no comparte su opinión. Boyes concluye: “Arabia Saudí se convirtió en nuestro aliado porque nos aseguró petróleo, que mantuvo la revitalización de nuestra economía, pero las acciones de Riad han comenzado a desestabilizar Irak, que es el segundo mayor exportador de petróleo en el mundo”.
Otras organizaciones terroristas no pueden ni siquiera soñar con la riqueza del EIIL. Ni Al Qaeda en sus mejores años. Ahora maneja 100 millones de dólares. Solo el movimiento talibán, que opera en Afganistán, obtiene 400 millones de dólares principalmente por la venta de droga, amén del tráfico de personas, la extorsión y donaciones de organizaciones islámicas en todo el mundo. Y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) recaban el 78% de sus recursos del narcotráfico 1,000 millones de dólares anuales, y el resto por secuestros y abigeato. Y el Ejército Republicano Irlandés (IRA) es una de las mayores organizaciones de Europa en lavado de dinero utilizando para ello un gran número de empresas en el Reino Unido. A veces, el terrorismo y el crimen si pagan.
La crisis en Irak va para largo. El 1 de julio el nuevo parlamento celebraría su primera sesión en la que se debatiría la posibilidad de formar un gobierno de unidad, a lo que se opone el primer ministro Maliki que ya no cuenta con el apoyo de Estados Unidos mientras Bagdad no tenga una administración con las principales divisiones sociopolíticas iraquíes. Otro nudo gordiano imposible de desanudar. VALE.
