GARBANZOS DE A LIBRO
Nadine Gordimer
Marco Aurelio Carballo
Cuando a Nadine Gordimer (Sudáfrica, 1923-2014) le preguntaron si era complementario ser escritora y activista, dijo: “En primer lugar, soy escritora. Escribo desde los nueve años. Conforme crecí descubrí cosas extrañas. Estudié en un convento para niñas blancas y los sábados íbamos a cines para blancos. Los negros tampoco podían entrar a la biblioteca municipal. Todo eso me llamó la atención. Mi madre me motivaba a que leyera, y pronto leí todo tipo de libros. Si hubiera sido negra habría sido más difícil ser escritora porque la única capacitación para un escritor es leer y leer. Creo que ese tipo de experiencias me orilló al activismo. No son complementarias. Al final obedecen a cuestiones individuales”.
“Mi madre —dijo— tuvo lo que podría llamarse conciencia social. Pertenecía a un grupo de mujeres blancas organizadas para construir una escuela en el barrio negro. No fue una activista y no se inscribió en el Partido Comunista, pero estaba a disgusto con la situación. Por supuesto, teníamos a un sirviente negro a quien tratábamos de manera decente. Así tomé conciencia. Cuando tenía quince años, los negros no podían tomar bebidas locales, fabricaban las suyas con maíz”.
Acerca de los cambios, dijo: “Crecí. Mi gran interés por los problemas sociales aumentó cuando empecé a publicar. Un grupo de amigos escritores, actores, periodistas halló mecanismos ilegales para difundir nuestras ideas. Nos reuníamos en casa. Teníamos elevadores y escaleras, pero también otras por las que los jóvenes negros entraban a nuestras fiestas. Aprendimos a vivir con eso. Un amigo publicó una revista en la que podía publicar gente de cualquier color”.
Cuando habló de sus tres primeras novelas, vetadas por el gobierno, Nadine comentó: “Escribes para quien quiera leerte, esté donde esté. Por fortuna, desapareció la censura. Cuando miro hacia atrás no puedo creer el progreso sucedido en Sudáfrica. Ahora los ministros de gabinete negros tienen esposas blancas y a las universidades van negros y blancos. Todavía hay incidentes desagradables, porque tenemos gente que vivió los años del racismo. Es la última generación con ese tipo de problemas”.
Nadine, quien falleció a los 90 años, ganó el Nobel de Literatura en 1991. Obtuvo 15 doctorados honoris causa por las universidades de Harvard, Yale, Cambridge, Columbia, de Deuven en Bélgica, Ciudad del Cabo y otras.
La entrevistó Héctor González en Laberinto, suplemento cultural que dirige José Luis Martínez S. para el diario Milenio.
