María Margarita Garza Sada de Fernández, una de las figuras más representativas de la clase empresarial y del mundo cultural de Nuevo León y el país, falleció la tarde de ayer a los 88 años de edad.
Trascendió que su deceso habría sido a consecuencia de una embolia, y que fue hospitalizada el pasado martes.
El cuerpo de la promotora cultural fue llevado a las capillas Valle de la Paz, al poniente de San Pedro, y que al mediodía de hoy se oficiará una misa en la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en el centro del municipio.
Hija del empresario Roberto Garza Sada y de Margarita Sada García, María Margarita nació el 11 de septiembre de 1925, en una familia integrada además por sus hermanos Roberto, Dionisio, Bernardo y Armando, último miembro vivo de este linaje.
Apodada cariñosamente como Márgara, fue una referencia en el ámbito cultural de México y en la esfera empresarial de Nuevo León, además de ser parte de una de las familias más representativas del poder económico estatal.
Contrajo matrimonio con el empresario y parte de la generación fundadora del Partido Acción Nacional en Nuevo León, Alberto Fernández Ruiloba, con quien tuvo 7 hijos: Álvaro, actual director de grupo Alfa; Mauricio Fernández, ex alcalde del municipio de San Pedro Garza García; Alberto, directivo de la compañía Pigmentos y Óxidos (Pyosa); Alejandra “Kana”, ex dirigente estatal del Partido Acción Nacional (PAN), Margarita, Balbina y Lorenzo.
Como pocos personajes de la ciudad, su nombre está inscrito en las páginas del quehacer cultural de Nuevo León. En su vasta colección de arte se encuentran nombres de los grandes del arte mexicano: Rivera, Kahlo, Rojo, Tamayo, Toledo y Galán.
Esta relación la llevó a apoyar a diversos artistas como Filemón Santiago o a Julio Galán. Sus acervos son considerados entre los más importantes de México. Como anécdotas destacan los retratos que hicieron de ella pintores como Rufino Tamayo y Jorge González Camarena.
Estuvo relacionada con museos de la localidad y nacionales. Formó parte del primer patronato del Museo de Historia Mexicana y era presidenta honoraria de la institución.
También acompañó a un grupo de empresarios en la creación del Museo de Arte Contemporáneo, en 1991.
Museos de la Ciudad de México también contaron con su apoyo, como el Franz Mayer, al formar parte de su consejo y participar en la creación del Museo Tamayo de Arte Contemporáneo. Por esta trayectoria, el Museo Amparo de Puebla la reconoció con la Presea Pericles en 1995.
