David Alejandro Boyás Gómez

 El pasado 30 de junio, día en el que hubiera cumplido 75 años, se llevó a cabo un multitudinario homenaje al escritor José Emilio Pacheco (1939-2014) quien falleció en enero del año en curso.

La cita fue en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM. Los académicos, funcionarios, periodistas, estudiantes y admiradores atiborraron las instalaciones que resultaron insuficientes para albergar a toda la concurrencia.

La UNAM, como una de las instituciones que cobijaron el quehacer literario de uno de los poetas más importantes del siglo XX, se unió en esta celebración con otros organismos culturales que reconocieron al también cuentista. El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma Metropolitana, El Colegio Nacional y El Colegio de México se sumaron a la fiesta.

Durante la ceremonia se recordó la carrera literaria de Pacheco. Estudió Letras en la UNAM y colaboró desde sus inicios con la Revista de la Universidad en el equipo editorial. Traductor de obras de autores como T. S. Eliot, Oscar Wilde o Samuel Beckett, mantuvo la columna Inventario en el semanario Proceso que, como recordó Elena Poniatowska, siempre firmaba como JEP.

Al autor de No me preguntes cómo pasa el tiempo (1970) le fueron concedidos varios premios que sirvieron como reconocimiento a su calidad literaria y a su espíritu crítico y sensible. Ganó el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, el Xavier Villaurrutia, el Nacional de Ciencias y Artes y en España recibió el Premio Cervantes y el Reina Sofía de Poesía.

El público pudo escuchar las opiniones de diversos personajes de la cultura que en directo o por medio de una grabación elogiaron el trabajo del creador de Alta traición. Uno de los comentarios destacados estuvo a cargo deJavier Garciadiego, presidente de El Colegio de México, quien calificó su obra de generosa por la amplitud de tópicos en los que se desenvolvió.

Su amigo, el escritor peruano Julio Ortega, desde el escenario, se refirió así sobre José Emilio Pacheco: “Era muy cortés. Pedía disculpas por adelantado”.

El poeta colombiano Darío Jaramillo se encargó de definir claramente su poesía: “Su tema es el tiempo, el pesimismo inagotable, la conciencia de la destrucción”

Elena Poniatowska, una de las oradoras más esperadas, afirmó que el escritor de Las batallas en el desierto quiso ser sus iniciales: JEP; dijo que así como H.G. Wells creó El hombre invisible Pacheco creó a JEP y lo llevó a su vida entera y a su poesía. “Humanizó la poesía, nos la puso en las manos, la platicó para poderla decir con los labios” concluyó.

Velada inolvidable fue la del 30 de junio en la Miguel Covarrubias. Así como inolvidable es para la poesía mexicana y en español el trabajo de nuestro escritor José Emilio Pacheco, porque sólo los clásicos son los que verdaderamente están en el cariño del público y José Emilio es un clásico. El enorme tigre Eduardo Lizalde y Luis García Montero leyeron algunas de sus obras y el chelista Carlos Prieto le dedicó una suite de Bach. Pero el mayor homenaje que puede llevarse este y cualquier autor, aunque suene trillado, es sin dudas la lectura, y estoy seguro, aunque él lo dudaba un poco, que sus libros seguirán siendo muy leídos en nuestro país durante muchos años más.