Tayde Acosta Gamas
Tercera y última parte
Del año 1954 al año 1958, en la Embajada de París, Jaime Torres Bodet se ocupa sobre todo de dar impulso a la cultura mexicana. Trabaja en el mejoramiento de las relaciones franco-mexicanas de Comercio; publica la revista Nouvelles de Mexique; promociona la película Raíces que gana el Premio de la Crítica Internacional en el festival de Cannes; organiza la Exposición del Libro Mexicano en la Universidad de París; crea la beca “Hidalgo” para investigadores franceses que versen sobre temas de México; comienza las gestiones con ingenieros franceses para la posible construcción de un ferrocarril subterráneo en nuestro país que, casi 11 años después, se convierte en el Metro de la ciudad de México; presenta al Comité Olímpico Internacional la candidatura de México para ser sede de las Olimpiadas, que también ocurre años más tarde, en 1968; inaugura la Exposición de Arquitectura Mexicana en la Escuela de Bellas Artes; exhorta al gobierno francés para que una plaza de la ciudad de París se denomine “Place de México”; realiza las Jornadas Mexicanas…
El 10 de octubre de 1956, ingresa como Miembro Asociado de la Academia de Bellas Artes del Instituto Francia. El 8 de noviembre, la Universidad de Lyon le otorga el Doctorado honoris causa, el tercero hasta ese momento, anteriormente se lo otorgan la Universidad de París y de Burdeos.
Jaime Torres Bodet asiste a uno de los momentos más trascendentes de Francia en el siglo XX. En 1958, frente a los problemas con las colonias francesas, particularmente el caso de Argelia, y al borde de un nuevo levantamiento civil, la llamada IV República francesa muere. El Primer Ministro, Pierre Pflimlin, renuncia a su cargo, lo sucede el General Charles De Gaulle, quien da inicio a la V República Francesa para, meses después, reemplazar a René Coty en la presidencia. En tanto se da este panorama, Jaime Torres Bodet abandona la Embajada de París y regresa a México, la intención es jubilarse definitivamente.
En este periodo publica sus mejores libros de poesía: Fronteras (1954), Sin tregua (1957) y Trébol de cuatro hojas (1958). También edita su primer libro de memorias, Tiempo de arena (1955).
… No debemos aceptar la dimisión de Torres Bodet, como persona. Y, mucho menos, debemos aceptarla como símbolo. No nos cabe aceptar la pérdida moral y absoluta consistente en la interrupción brutal de la experiencia que él representa, de la experiencia a la que va unido su nombre. Torres Bodet es un símbolo a los ojos del mundo actual, inquieto y desgarrado, y su dimisión supone mucho más que la simple decisión de un individuo…
Jean Piaget, Discurso en la Unesco, 1952
Ya instalado en México, Jaime Torres Bodet se reúne con el presidente Adolfo López Mateos, en una de sus entrevistas, el presidente le solicita la redacción de un informe en el cual escriba sus impresiones sobre el estado actual de la Educación. Torres Bodet prepara un informe detallado, después de leer el informe, López Mateos le pide su colaboración como Secretario de Educación Pública, Torres Bodet rechaza el puesto y propone a otros posibles candidatos, pero el presidente lo persuade hasta el punto en que la petición se advierte como una orden, cansado y sin más ánimos para declinar la oferta, sale del despacho de López Mateos como nuevo Secretario de Educación Pública para el sexenio 1958-1964, al llegar a su casa le comenta a su esposa Josefina: “No conseguí evitarlo… Iré, nuevamente, a la Secretaría de Educación”.
Jaime Torres Bodet se encuentra con varios problemas en la Secretaría, la gestión del Lic. José Ángel Ceniceros concluye de forma atropellada, para empezar, el Politécnico Nacional está intervenido por el Ejército, algunos estudiantes encarcelados y el edificio de la SEP, invadido por profesores. Como primer acto, Torres Bodet se entrevista con los profesores disidentes y llega a un acuerdo con ellos, solicita al presidente la salida del Ejército del Politécnico y la liberación de los jóvenes encarcelados, entre ellos Othón Salazar y Nicandro Mendoza. Las siguientes demandas son atendidas de inmediato: expedir un Reglamento para la Ley Orgánica del Politécnico y la designación de un nuevo Director. Con la ejecución de estos hechos, Torres Bodet logra resolver el conflicto.
El otro incidente al que se enfrenta, nace de la necesidad de reorganizar la Escuela Normal de Maestros y cancelar las prácticas improductivas de los profesores recién egresados, como él mismo lo menciona: “Muchos maestros –sin la humilde y viril franqueza de los que traté en 1944– invocaban la respetabilidad de su profesión, para exigir aumentos de sueldos y servicios. Pero olvidaban las obligaciones que esa respetabilidad hubiera debido imponerles en la cátedra y en la vida. Su táctica más frecuente ya no era la persuasión, sino la amenaza…”
El asunto es muy penoso, en los Estados hay millones de niños sin profesores ni escuelas, y en la capital del país, miles de estudiantes que llegan de los diferentes Estados, para estudiar en la Escuela Normal de Maestros, al egresar como profesores no quieren regresar a sus lugares de origen, exigen quedarse en el Distrito Federal, cobrar un sueldo de profesor con todo lo que esto supone: prestaciones, servicios, etc. No impartir clases porque las escuelas de la capital están cubiertas, así que se desempeñan en nada, sólo en lo que ellos denominan “Comisiones”.
Jaime Torres Bodet pone fin a esta situación, realiza una iniciativa que es aprobada en su totalidad, terminar con las “Comisiones” y comenzar la construcción de miles de escuelas y “aulas-casa” en los Estados, López Mateos ordena a la Secretaría de Hacienda que le proporcione los recursos al Secretario de Educación, la construcción se inicia bajo la dirección de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Ramiro González del Sordo.
La tormenta se desencadena porque la iniciativa de Torres Bodet plantea que los egresados cumplan con su trabajo en sus Estados de origen, percibiendo su sueldo de profesores y sus prestaciones, pero, además, recibiendo un pago extra de viáticos. Todos los egresados de la Normal de Maestros que vienen de los Estados deben firmar este acuerdo.
En el mes de febrero de 1960 comienzan las protestas, Jaime Torres Bodet recibe a un grupo de estudiantes, éstos exigen que todos los egresados de los Estados se queden a trabajar en la capital. Finalmente, persuadidos por las explicaciones contundentes de Torres Bodet, deciden firmar el Convenio, pero unos días después, el Secretario de Educación es informado de que de los mil 178 egresados de la Escuela Normal Superior, 933 han respetado el Convenio y poco más de una centena se han negado a cumplirlo, Torres Bodet recibe nuevamente a una comisión de estudiantes para resolver el asunto: “… nunca escuché discursos más inconexos, afirmaciones menos veraces y más capciosas preguntas. No contentos con escribir sin ortografía, como lo comprobaron sus pliegos de peticiones, esos futuros ‘maestros’ peroraban sin ilación, oían sin entender y repetían hasta el cansancio los argumentos insubstanciales con que trataban de justificar su capricho de no salir de la ciudad”. Torres Bodet rechaza sus peticiones y les repite que en la capital no hay lugar para colocarlos, que en sus Estados de origen, miles de niños demandan los servicios de Educación.
Semanas más tarde, irrumpen las manifestaciones por la ciudad, los estudiantes inconformes atacan las instalaciones del edificio de la SEP, rompen los vidrios de la oficina de Torres Bodet, se instalan en los patios de la Secretaría, agreden a los trabajadores y en cada ocasión que se les presenta gritan al Secretario de Educación este estribillo: “Cuídenle las manos a Torres Bodet, porque con las becas se va a enriquecer”.
Jaime Torres Bodet no cede frente a las exigencias de los manifestantes, sin embargo, el asunto que lleva consigo la integridad de las principales calles de la ciudad, del edificio de la SEP y de los trabajadores de la Secretaría, compete exclusivamente al gobierno. El Secretario de Educación recibe la comunicación de que el gobierno ha resuelto disolver las manifestaciones, se presentan choques entre estudiantes y policías, Torres Bodet afirma que hay tanto estudiantes como policías heridos: “Jamás experimenté tristeza como la que sentí a lo largo de aquellas horas. ¿Por qué me encontraba yo en el centro de una tormenta de la que no tenía, en el fondo, culpa ninguna? ¿Cómo era posible que se me condenase por estar cumpliendo con mi deber? Pensé renunciar. Pero pueblo y gobierno hubiesen juzgado con menosprecio mi dimisión. Seguro, como lo estaba, de haber obrado con rectitud, sin ordenar el menor castigo, continué trabajando…”
El gobierno da por cancelado el problema, los estudiantes de provincia recién egresados y los maestros de los Estados que reciben un sueldo por un trabajo que no realizan, son obligados a ejercer su profesión en sus lugares de origen, de lo contrario están en libertad de quedarse en la ciudad pero dedicarse a otra profesión. Conforme transcurren las semanas el asunto va quedando en el olvido.
Es muy lamentable que este incidente empañe la admirable gestión de Jaime Torres Bodet, el Secretario de Educación trabaja desde los más estrictos preceptos de la razón, el sentido común y el deber, afortunadamente, su periodo como Ministro en el Sexenio de López Mateos es siempre recordado por todo el bien que hizo por la Educación y la Cultura en México.
La labor de Torres Bodet al frente de la SEP entre 1958 y 1964, se distingue por la construcción de miles de escuelas por todo el país. El inicio de una nueva Campaña de Alfabetización. La creación del Plan de Once Años. La inauguración de los Centros Regionales de Enseñanza. La iniciativa para el Decreto por el cual se crea la Comisión de los Libros de Texto Gratuitos. La construcción de los Planteles y Centros de Estudio del Politécnico Nacional en Zacatenco. El aumento del subsidio anual para la UNAM. El aumento financiero para los servicios médicos de los maestros, el suministro de medicamentos y la construcción de centros de salud. El logro de la jubilación para los maestros a los 30 años de servicio y la pensión calculada con base en los años de trabajo. La creación de Talleres y Laboratorios en las escuelas Secundarias. La inauguración de los Centros de Capacitación para el Trabajo Industrial. El establecimiento del Consejo Nacional de Fomento de los Recursos Humanos de la Industria. El Homenaje Nacional para Justo Sierra. La Organización de los festejos para recibir en nuestro país a Golda Meir, André Malraux, Indira Gandhi, Sri Pandit Jawaharlal Nehru, el mariscal Tito, el presidente John F. Kennedy, el general Charles De Gaulle. La inauguración de la Galería de Historia de Chapultepec. La restauración de la Zona Arqueológica de Teotihuacan. La inauguración del Museo Nacional de Antropología, del Museo Nacional del Virreinato y del Museo de Arte Moderno. El traslado del monolito de Tláloc. El apoyo para todas las actividades educativas y culturales que realiza el Instituto Nacional de Bellas Artes a cargo de su gran amigo Celestino Gorostiza.
Es innegable el esplendor que vive nuestro país bajo la presidencia de Adolfo López Mateos, el Ministerio de Jaime Torres Bodet y la Dirección de Bellas Artes de Celestino Gorostiza, estas tres personalidades se reúnen para realizar uno de los momentos más importantes en cuanto a Educación y Cultura en México, con infinita nostalgia celebramos ahora los cincuenta años del cierre de ese periodo genial en 1964.
¿Qué significará mi pasado en lo porvenir?… Incluso hoy, mientras escribo estas líneas, ¿quién sabe efectivamente para qué he vivido? La soledad es, ahora, mi única recompensa. La muerte, cuando llegue, no añadirá gran cosa a la dimensión de la soledad.
Jaime Torres Bodet
Al finalizar su carrera dentro del gobierno de México en el año de 1964, Jaime Torres Bodet, de 62 años, emprende un viaje por Europa con su esposa Josefina, parece como si fuera a despedirse de todos los países en los que ha trabajado y ha vivido. Muy pocas personas lo saben, desde hace años padece cáncer, no obstante, siempre ha puesto por encima de la enfermedad, su deber.
A su regreso a México hace un balance de toda su vida, se dedica a la redacción de sus libros de Memorias: Años contra el tiempo (1969); La victoria sin alas (1970); El desierto internacional (1971); La tierra prometida (1972) y Equinoccio (1974).Observa con tristeza la partida de sus mejores amigos: Celestino Gorostiza en 1967; Roberto Montenegro en 1968; Agustín Lazo y Manuel Rodríguez Lozano en 1971; José Gorostiza en 1973 y Salvador Novo en 1974.
Jaime Torres Bodet se encuentra agotado, enfermo, ha caído en una profunda depresión, está cansado de vivir y de cumplir con su “deber” y él, siempre tan independiente, tan dueño de la situación, tan responsable de los demás, no desea convertirse en una carga para nadie, mucho menos para su esposa Josefina, a quien desde su unión en 1929, ha procurado de la mejor forma posible. Es así como el 13 de mayo de 1974, decide cerrar el libro de su vida y cumplir con un “deber” final. El niño que en 1910 está encargado de recitar unos versos a Justo Sierra, en las fiestas del Centenario, se encierra en su biblioteca y decide partir al encuentro de sus amigos y, sobre todo, de doña Emilia Bodet y don Alejandro Torres, los responsables de su magnífica educación y de su entrega total a su deber.
“Nadie sonríe al presentarse al juicio definitivo. Aunque siempre queda un consuelo. Para quien persistió sin descanso, acaso la tumba sea el perdón de la tierra prometida”.
Jaime Torres Bodet
