Violaciones a la ética y los derechos humanos
 

René Anaya

Las redes sociales como Facebook y Twitter han permitido difundir información oportuna y veraz de acontecimientos que de otra forma habrían sido censurados por los gobiernos. Desde esa perspectiva, su aparición ha posibilitado frenar las conductas autoritarias de regímenes militares y de algunos que se autonombran democráticos.

Sin embargo, no se debe olvidar que la mayoría de estas redes sociales tienen como principal finalidad obtener ganancias por medio de la venta de sus espacios a empresas, para hacer llegar su publicidad de productos y servicios a consumidores potenciales, por lo que pretenden influir en los estados de ánimo de los usuarios.

 

Una red de manipulaciones

Ese objetivo se puso de manifiesto el 17 de junio pasado, cuando la revista Actas de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (PNAS, por sus siglas en inglés) publicó el artículo “Evidencias experimentales de contagio emocional a escala masiva a través de redes sociales” (“Experimental evidence of massive-scale emotional contagion through social networks”), de Adam D. I. Kramer, miembro del equipo de ciencia de datos básicos de Facebook, James E. Guillory, de la Universidad de California en San Francisco y Jeffrey Hancock de la Universidad de Cornell.

En ese trabajo se informa que en la semana del 11 al 18 de enero de 2012, se manipuló la información enviada a 689 mil 3 usuarios en habla inglesa, con el propósito de averiguar si es posible manipular las emociones y sentimientos por contagio emocional.

Durante esos días se estudiaron cerca de tres millones de mensajes que contenían unas 122 millones de palabras, de las cuales cuatro millones se consideraron positivas y 1.8 millones se clasificaron como negativas. Esos mensajes se ocultaron o sobreexpusieron a los usuarios para observar su reacción.

“El experimento ─han aceptado los autores del artículo─ manipuló el grado en que las personas fueron expuestas a expresiones emocionales en su servicio de noticias […] Estos resultados indican que las emociones expresadas por los demás en Facebook influyen en nuestras propias emociones, lo que constituye una evidencia experimental del posible contagio a escala masiva por medio de las redes sociales”.

De esta manera, se puso de manifiesto que quienes manejan el servicio de noticias de las redes sociales pueden hacer objeto de sus experimentos psicológicos a millones de usuarios, sin que ellos hayan dado su consentimiento expreso.

 

No me gusta

El neurocientífico Antonio Damasio, de la Universidad del Sur de California, ha puntualizado que la manipulación de las emociones es muy común, pero “eso no autoriza a los investigadores a llevar a cabo experimentos sin el consentimiento adecuado. No se me ocurre ninguna excusa para este comportamiento y no hay manera de condonarlo”.

Los directivos de Facebook lo han tratado de hacer, ya que han señalado que este tipo de investigaciones permite mejorar su producto y han advertido que “es preocupante cuando vemos una legislación que puede sofocar este tipo de innovación”, probablemente en referencia a la investigación que ha iniciado la Oficina del Comisario de Información del Reino Unido.

Pero más allá de la presunta transgresión a las leyes, lo que no está a discusión es que se han violado los principios éticos de la investigación en seres humanos, que desde hace más de 50 años deben regir a todo tipo de experimentación en personas.

La Declaración de Nuremberg de 1947, la Declaración de Helsinki de 1964 y, más recientemente, la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de 2005, establecen que toda investigación con personas debe hacerse con el consentimiento informado y voluntario, además de que se debe explicar claramente en qué consistirá el experimento y cuánto durará.

Estos principios éticos universales no han sido llevados a la práctica por Facebook, aunque argumenta que en la aceptación de sus reglas advierte que la información que recibe la puede utilizar “para operaciones internas, incluidos la solución de problemas, el análisis de datos, la investigación y el desarrollo y la mejora del servicio”.

Lo que no menciona es que también manipula la información y convierte en conejillos de Indias a millones de usuarios, en aras de la innovación (la nueva deidad, mal entendida por supuesto, de los neoliberales tecnócratas).

Por esta razón, sorprende que en la polémica por este trabajo de manipulación no se hayan esgrimido los preceptos éticos de la investigación en seres humanos, que evidentemente han sido violados y se siguen violando, a pesar de los millones de “no me gusta” de los usuarios.

 

reneanaya2000@gmail.com