Ricardo Muñoz Munguía
(Primera de dos partes)

El golpeteo del tiempo ido se vuelve aleteos en la memoria. Así la infancia, que se vuelve pasos firmes y sonoros sobre los recuerdos que desfilan frente al poeta, y se aprehende de su quehacer creativo para apuntalar esos aleteos que, es posible, el ejercicio de escribir, si bien no se acabe, por lo menos se convierte en la mejor arma para conseguir no se escape nada, como se menciona en el volumen que hoy nos ocupa: “En la vida/ como en una libreta donde se llevan las cuentas y los gastos,/ y una lista de las cosas que deben escribirse para no olvidar a nadie”.
A.E. Quintero (Culiacán, Sinaloa, 1969) es el autor de los poemarios Los postigos del verano (con el que ganó el Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa), Cuenta regresiva (con el que obtuvo el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes), 200 gramos de almendras, El taxista saca su pene y el que hoy nos ocupa, de maratónico título, La telenovela de las cuatro no se detendrá porque alguien logró matarse. Los volúmenes de Quintero, como es evidente desde la forma de titularlos, no se encuadran en los tonos formales sino que se detienen sobre las vías que permiten el trasluz de la estética para hacer una labor poética cercana para todo lector.
El poemario La telenovela de las cuatro no se detendrá porque alguien logró matarse es una bella edición que recientemente puso en circulación la editorial Simiente. Un libro de constantes destellos de frescura pero que no se permite alejarse de la estética en su construcción de versos, un volumen que, al salir de sus páginas, nos deja en la memoria un mosaico de escenarios que son habitaciones del amor “porque del amor/ uno nunca regresa a tiempo ni regresa limpio”, estupenda oración que con fina sencillez es marco a una amplia historia, la de la experiencia amorosa.
La cotidianidad trazada en versos es un tino que a Quintero le fascina pero que, si pasamos lentamente los versos, el aspecto de cada poema cobrará un enfoque hondo.