Rusia quiere ser el gran árbitro del suministro energético

Ana Teresa Gutiérrez del Cid

Hoy en los medios de comunicación occidentales hay una satanización a las acciones de Rusia en cuanto a Crimea y el conflicto en Ucrania. El porqué de toda este alud de propaganda destinada a enfatizar generalidades y cuestiones superficiales, verdades a medias y en momentos falsedades con respecto a Rusia, puede definirse como una guerra de información y se inscribe en un contexto más amplio, en el contexto de la gran política mundial y más exactamente en el de la geopolítica, ya que el nuevo orden mundial que se estableció después de la caída de la Unión Soviética fue unipolar con Estados Unidos a la cabeza, país que empezó a remodelar la geopolítica por medio de actos violentos, utilizando el 11 de septiembre de 2001 como un punto de partida para profundizar esta conducta belicosa, por cierto contraria al derecho internacional, que condenó desde la época de Nuremberg el ataque bélico como un instrumento de política exterior. Ante los asombrados ojos de la opinión mundial cayeron bajo ataque militar el gobierno de Afganistán, el de Irak y más cercanamente el de Libia, y es aquí donde surge el parteaguas: Siria, en donde el ataque fue detenido por los esfuerzos diplomáticos del gobierno ruso en agosto-septiembre de 2013.

Si se analiza la situación mundial con detenimiento, hay tres sucesos muy importantes que han dado un giro al unipolarismo estadounidense: Snowden, que no fue devuelto a Estados Unidos, pues no existe entre Rusia y este país una ley de extradición, el freno al ataque a Siria, logro de la gestión diplomática del presidente Vladimir Putin, y el acuerdo entre Irán y Estados Unidos, que parecía imposible hace poco. Todos éstos son triunfos de la diplomacia rusa y empiezan a mostrar que el poder mundial ya no es unipolar y se transita a un nuevo orden mundial multipolar.

La proyección de esta nueva fuerza de la diplomacia rusa que le ha hecho volver a tener un papel relevante en los acontecimientos mundiales no es magia y no ha surgido de la nada, sino que se debe a la voluntad política del gobierno ruso que ha utilizado sus enormes recursos, sobre todo los energéticos, de manera hábil para reposicionarse, y lo ha logrado como el ave fénix que resurge de sus cenizas.

Nueva estrategia

Así, Rusia está dispuesta a imponer su condición de gran potencia energética del siglo XXI y a desarrollar una red de oleoductos y gasoductos que convertirán este país en el gran árbitro del suministro de petróleo y gas para Europa y los grandes centros económicos y demográficos del Asia Oriental (China, India, Japón, Corea del Sur). Éste es el proyecto del presidente Vladimir Putin.

Esta nueva estrategia de Rusia ha cambiado la geopolítica tradicional de Europa durante la Guerra Fría, acercándola a Alemania en la base del consumo alemán de energéticos rusos.

Por lo que cada vez es más evidente que el orden unipolar del poder mundial cede espacio al multipolar. Este proceso, sin embargo, no puede transcurrir sin conflictos ya que la aparición de nuevos actores de nivel internacional le quita parte de poderío a las potencias ya establecidas acostumbradas a un liderazgo sin condiciones.

En esta concepción geopolítica se inscriben los acontecimientos que hoy atestiguamos en Ucrania, en donde mediante un golpe de Estado, de manera muy violenta y aliándose con los nacionalistas ucranianos que poseen una ideología igual a la del nazismo alemán de Hitler, Occidente ha colocado en el poder un alfil en la figura de Arseni Yatseniuk, que ha roto la constitucionalidad del poder presidencial en Ucrania, ya que Víctor Yanukovich fue elegido legalmente. Esta acción fue un acto desesperado ante la declinación del presidente Yanukovich de firmar el Acuerdo de Asociación Oriental en Vilnius en noviembre de 2013.

Debido a esto Ucrania está atravesando por un momento muy difícil en su reciente historia y ya se menciona la posibilidad de que estalle en su territorio una guerra civil después del derrocamiento del presidente Yanukovich. La situación geopolítica de Ucrania aún no está definida, pero la sociedad ucraniana enfrenta una fuerte división entre la parte oeste y la parte este del país y el catalizador de estos conflictos ha sido el interés de las grandes potencias, la Unión Europea y Estados Unidos, por atraerla a su esfera de influencia debido a su posición geopolítica clave.

George Friedman, analista principal de Stratfor, centro de investigación y pronósticos estadounidense, con sede en Texas, plantea que el vocablo Ucrania, se traduce literalmente como en el borde, en el idioma ruso y en el ucraniano, y señala que “es un país en el borde de otros países, algunas veces fracciones de Ucrania pertenecieron a Polonia y casi siempre perteneció al Imperio Ruso y ha sufrido divisiones. Ucrania ha estado a la orilla de los imperios por siglos”.

En los siglos XVII y XVIII estaba dividida entre Rusia, Polonia y el Imperio Otomano. En el siglo XIX estuvo dividida entre Austro Hungría y el Imperio Ruso, y en el siglo XX, salvo por un corto periodo después de la Primera Guerra Mundial en que Ucrania occidental formó parte de Polonia, Ucrania fue parte de la Unión Soviética hasta 1991. En este periodo, Ucrania era una frontera natural de Rusia con Occidente debido a los Montes Cárpatos, que conforman una especie de frontera natural, difícil de penetrar. De esta manera, si Ucrania está bajo control o influencia de una potencia occidental, el flanco sur oeste de Rusia está desprotegido a lo largo de un territorio que abarca desde la frontera con Polonia hasta Volgogrado y más al sur hasta el mar de Azov, lo que equivale a más de mil km de longitud. Por lo tanto, para Rusia, Ucrania es un asunto fundamental de seguridad nacional. “Para una potencia occidental —afirma Friedman—, Ucrania tiene valor si está planeando cercar y derrotar a Rusia como lo intentó hacer Alemania en la Segunda Guerra Mundial. De aquí se infiere que el futuro de Ucrania no es un asunto sin importancia para Rusia.”

Además en Ucrania está el acceso de Rusia al Mar Negro y por lo tanto al Mediterráneo. Los puertos de Odesa y Sebastopol le dan acceso militar y comercial para exportaciones, sobre todo del sur de Rusia, y también es una ruta vital para la transportación de petróleo y gas rusos hacia Europa occidental.

Friedman afirma además que: “Ucrania es tan importante para la seguridad nacional rusa como Escocia lo es para Inglaterra o Texas para los Estados Unidos. En las manos de un enemigo, estos lugares serían una amenaza existencial para los tres países (…) por lo tanto, a pesar de los rumores en contra, ni Escocia ni Texas irán a ningún lado. Tampoco Ucrania…”

En cuanto a Occidente, desde el punto de vista geopolítico, para la estrategia estadounidense y la de la Unión Europea (UE), la separación de Ucrania con respecto a Rusia es una de sus prioridades y es una estrategia puesta en práctica que lleva 20 años. Esta estrategia ha consistido en impedir que Rusia tenga nuevamente influencia en Ucrania por medio de varias tácticas, desde el financiamiento de grupos de oposición, creación de redes sociales pro estadounidenses y la realización de la Revolución Naranja en 2004, cuando Víctor Yushenko, un presidente pro estadounidense ascendió al poder.

Sin embargo, sus cuatro años de presidencia (2004-2008) no mejoraron la situación económica y social del país, pero sí empeoraron las relaciones de Ucrania con Rusia, lo que se tradujo en una alza al precio del gas por parte de Moscú hacia Kiev. Además, la ampliación de la OTAN desde los años noventa se ha llevado a cabo prácticamente ignorando el interés ruso y se ha reflejado negativamente en la situación de Rusia en Europa y a nivel global.

 

Revolución naranja

Ante esta estrategia de Occidente, uno de los objetivos para la consecución del reposicionamiento de Rusia en Europa es la recuperación de su influencia en Ucrania y Bielorrusia. La herramienta para llevarlo a cabo es la carta energética y en el caso de Ucrania es fundamental, ya que la pérdida de influencia sobre Ucrania significaría para Rusia un enorme debilitamiento de su posición geopolítica.

Así, desde el inicio, el enfrentamiento por el gas natural durante el gobierno del pro occidental Víctor Yushenko fue por mucho más que por algunos miles de millones de dólares en ventas anuales de energéticos. Esta disputa ha sido sobre la orientación de Ucrania al oeste o al este, y por lo tanto, sobre la capacidad de Rusia de recomponer su posición geopolítica.

La Revolución Naranja de Ucrania fue un evento trascendental en la conciencia rusa, un desarrollo contundente que ocupa el segundo lugar, solamente después de la desintegración de la Unión Soviética, ya que la Revolución Naranja podía marcar el día en que Rusia se degradara a un estado irreversible desde el punto de vista geopolítico.

Desde este punto de vista, Ucrania es un elemento central para la defensa de largo plazo y la supervivencia del Estado ruso y esto no se debe a factores étnicos, aunque Ucrania tiene la más grande comunidad rusa fuera de la Federación Rusa. Aun antes del periodo soviético, Ucrania estaba integrada al corazón industrial y agrícola de Rusia. Hoy no sólo representa el punto de tránsito para el gas natural ruso a Europa, sino realmente es el punto de conexión de la infraestructura rusa entre el oeste y el este, en lo que respecta a ductos, caminos, líneas férreas y carreteras.

Así, política y militarmente, Rusia sin Ucrania, no puede fácilmente proyectar poder en el Cáucaso norte, ni sobre Bielorrusia, ya que el río Dnieper, la principal vía de transporte acuático de este país fluye al sur de Ucrania y es cercana y está bien conectada con Polonia y los Países Bálticos. Esta realidad geográfica significa que si el gobierno de Bielorrusia cambiara su curso pro ruso con otra administración, la posición geopolítica de Minsk se hubiera acercado a Ucrania en el periodo en que Yushenko era presidente.

Por lo que, haciendo una prospectiva de largo plazo, es fácil entender porqué el triunfo de un gobierno pro occidental como el de Yushenko impactó tanto en Rusia.

Ucrania, además, posee una frontera cercana a ciudades como Volgogrado o Moscú y al puerto ucraniano de Sevastopol en el Mar Negro, que es el único puerto de agua templada cercano a Rusia.

Desde el punto de vista militar, actualmente no hay ejércitos europeos que se preparen a marchar sobre Rusia, y no parece que en el corto plazo los habrá, pero a través de la historia, exceptuando el periodo soviético, Europa ha intentado aprovechar la debilidad rusa. Sin una influencia contundente sobre Ucrania, Rusia no tiene vínculos confiables con Europa, ni control confiable sobre Bielorrusia, ni sobre el Cáucaso, ni cobertura geoestratégica.

Así, con Ucrania en su órbita, Rusia mantiene una estratégica coherencia y una oportunidad de retomar su estatus de superpotencia. Sin Ucrania, este estatus de Rusia es muy improbable y la posibilidad de otra desintegración alcanza un nivel real. Por lo que el asunto del gas y ahora el de la firma del Acuerdo de Asociación Oriental (AAO) con la UE no se refiere al dinero sino a la supervivencia de Rusia como potencia.

El fracaso del gobierno de Yushenko debido a la corrupción y a la caída económica aún más profunda produjo el fin de la denominada Revolución Naranja que llevara al poder a Yushenko y el triunfo del candidato Víctor Yanukovich en 2009, apoyado por la región oriental de Ucrania, en donde uno de los bastiones de Yanukovich es Jarkov (1.6 millones de habitantes), que alberga una gran parte de las fábricas de armamento del país. La mayoría de estas industrias dependen de las importaciones de repuestos rusos para sobrevivir y venden sus sistemas de armas a los países que compusieron la antigua Unión Soviética, a China, Irán y otras naciones. Esto explica que los habitantes de Jarkov vean su futuro en una estrecha unión con Rusia. Este punto de vista es compartido por los rusos étnicos que viven en la Península de Crimea. En todos estos territorios, Yanukovich consiguió un 70% o más de los votos.

Rusia ejerce influencia en Ucrania debido a su cercanía geográfica y lingüística y debido también a su superioridad económica. La mayor parte del potencial industrial ucraniano está vinculado con el mercado ruso: la industria metalúrgica, de oleoductos y de metales, la electrónica y la energética y también Rusia representa un mercado para la producción agrícola y ganadera de Ucrania y contratación de fuerza de trabajo ucraniana.

A diferencia de Rusia, la relación entre Estados Unidos y Ucrania se basa más en los intereses geopolíticos de Estados Unidos. Los vínculos comerciales y económicos son insignificantes y las inversiones de las compañías estadounidenses son muy bajas con respecto a las rusas, alemanas y las coreanas.

Los intereses geopolíticos de Estados Unidos en Ucrania están relacionados con la intención de posicionarse en Asia Central y en el Medio Oriente por medio de la presencia militar. La decisión del entonces presidente Kuchma, a pesar de la inconformidad de la sociedad, de mandar a un batallón de soldados ucranianos a Irak indicaba su inclinación hacia Washington.

Por lo que, desde el triunfo de Yanukovich, Rusia y Ucrania decidieron continuar la integración en el campo económico, en el sector de la construcción de buques y aviones. También existía el proyecto de fusionar la compañía ucraniana de gas Naftagaz con la compañía rusa Gazprom, lo que favorecería el abastecimiento de gas barato a Ucrania y daría a Rusia una vía segura de tránsito para el gas que exporta a Europa.

Sin embargo, todos estos proyectos se vinieron abajo con el derrocamiento de Yanukovich. De ahí que Rusia hoy tiene un crucial interés en la resolución del conflicto en Ucrania.