CHARLAS DE CAFÉ
Charla con José Calheros/Fotógrafo portugués
Eve Gil
“Cuando yo era un niño pequeño —señala el fotógrafo portugués José Calheros— empecé a hacer fotos, y la gente me dijo que eran diferentes, que yo era capaz de captar sentimientos y desde entonces no he dejado de hacerlo”.
José Calheros, arquitecto de profesión, fotógrafo de vocación, nació un 23 de septiembre en Lisboa y es un fotógrafo con muchísima experiencia. Tanto, que vive, come y duerme junto a su cámara, porque hasta en sueños puede aparecer una imagen que seduzca su fino instinto.
“Mi primera cámara fue una pequeña Kodak, que usé un par de veces —prosigue José, nostálgico de la infancia en que fue tocado por esa magia—. No había dinero para comprar la película, no es tan fácil como ahora. Mi primera foto, lo recuerdo bien, se la hice a dos amigos de mi edad. La conservo aún y considero que es una foto dulce y dramática. Así la veo yo. Creo que captura en forma muy pura lo que significa la verdadera amistad”.
Amigas del alma
Aunque José se ha aficionado a fotografiar paisajes y escenas espontáneas —él mismo se denomina “fotógrafo de la calle”— hay algo en cada una de sus imágenes que haría suponer que esas imágenes estaban puestas ahí, aguardándolo. No importa si son parejas besándose en un rincón tranquilo, transeúntes contemplando anuncios o escaparates con expresión absorta o pensando en algo que no tiene que ver con lo que observan; niños prestos a la sonrisa o peregrinos fatigados. Quienes apreciaron aquellas primeras fotos de José no exageraron: sus fotos son diferentes, tienen alma, proyectan más al propio fotógrafo que a los sujetos de interés.
José ha recorrido el continente europeo en su totalidad y algunos otros países, acompañado por sus amigas del alma, es decir, sus cámaras, una Nikon D800 con 14/24 (2.8), 24/70 (2.8) y 70/200 (2,8) y una pequeña Fujifilm X10 que ganó en un concurso de fotografía convocado por una revista francesa.
“Las capitales europeas —dice— son muy interesantes en cuanto a fotografía de calle, y no podría citar solo una por encima de las demás. Si hablamos de un país que me haya cautivado en términos fotográficos, ése sería Islandia. Me gusta caminar en las ciudades y sentir las calles y las personas; sus olores, sus luces, sus colores, sus historias imaginarias, y trato de atraparlas en mis fotos. Me gusta contar historias, y mi forma de contarlas es a través de imágenes”.
“Hay gente a la que no le gusta —asegura— ser retratada, se voltea para otro lado, pero son las menos. Recuerdo en particular a una chica que de inmediato posó para mí. Después me preguntó si trabajaba en una revista y si planeaba ponerla en la portada. De cualquier manera quedó contenta con la toma”.
“Las caras de la gente llaman poderosamente mi atención —prosigue—. No es tanto la belleza, sino las expresiones. Lo que esas expresiones me dicen a mí. Veo belleza, tristeza, admiración y así sucesivamente. Hay todo tipo de caras increíbles en las calles y tantos sentimientos y algunas caras son un verdadero catálogo de sentimientos”.
El blanco y negro
La mayoría de las fotografías de José están en blanco y negro, aunque la ausencia de color, en su caso, es relativa. ¿Cómo logra José Calheros hacernos ver los colores ausentes?
“Creo que en blanco y negro se es más preciso para atrapar sentimientos. Hay que jugar con la luz para conseguir más o menos contraste y si la foto es buena, es mucho más atractivo para mí. El color distrae un poco, puede llegar a ser muy protagónico”.
A José no le gusta retocar sus fotografías: “Solo realizo algunos ajustes. No me gusta retocarlas, considero que deben conservar la esencia de lo que me llevó a obtenerlas. Hago la composición en fracciones de segundo en mi mente mientras mi dedos ajustan lo que quiero y casi siempre sólo hago una foto del sujeto, que es ése momento. Un segundo después no es la misma. Hablo, claro, de mi trabajo personal, porque si estoy trabajando para una revista o publicidad debo retocar mucho para hacerlos perfectos y alcanzar los intereses de mis clientes”.
Pese a la crisis que ataca actualmente a su país, José está por publicar su primer libro de fotografía titulado Advertising, donde muestra la conexión entre publicidad y peatón, el tema más frecuentado en sus fotos.
“Soy arquitecto —finaliza— y se supone que lo de las fotos es un hobby, pero los proyectos arquitectónicos están muriendo lentamente, de modo que tengo que mantener mi mente en la fotografía. Me encantaría viajar a más países para disparar y hacer más editoriales de moda. También me gustaría hacer otro libro con mi fotografía de calle. Espero aprender más. Nunca se deja de aprender”.
