“Diálogos de altura”

René Avilés Fabila

 No cabe la menor duda, desde hace algunos años la política mexicana está envilecida y en la tarea le ayudan los medios de comunicación. Entre tanta basura que hallamos en las librerías, obras de autoestima, “éxitos de librería”, escandalosas novelas dizque históricas, podríamos encontrar una más, ahora sí, exacta: La miseria de la política nacional. Una investigación sobre la decadencia de lo que fue algo serio y a veces hasta dramático, torneo de habilidades y la presencia de hombres de cultura y agudeza.

La medianía nos ha cubierto y el lenguaje político es una sarta de frases comunes y de discursos ausentes de inteligencia y propuestas sagaces. Variantes de refranes, pobres alusiones deportivas, lugares hechos y repetidos mil veces. Poco ha avanzado el país cuyo gobierno festeja el centenario de Octavio Paz.

La mejor manera de apreciar el fenómeno se encuentra en un intercambio de tuits entre Vicente Fox y el otra vez candidato presidencial (una más y nos vamos) Andrés Manuel López Obrador. El primero, al darse a conocer el registro de Morena como partido político, precisó: “¡Ay, Dios mío! ¡Ahí viene el diablo con cara de Morena!” El resto era una advertencia sobre el divisionismo que esto provocará en la izquierda.

López Obrador de inmediato respondió al expresidente: “No le gustó a Fox mi señalamiento de que su rancho es un monumento a la corrupción y, en vez de aclarar, se lanzó diciendo que Morena es como el demonio. ¡Bendito Dios! Es un timbre de orgullo que al corrupto de Fox no le guste Morena. Imagínese el daño que nos causaría el elogio de un achichincle de Enrique Peña Nieto.”

Fox cerró el elegante y elevado diálogo en las redes sociales, afirmando: “López Obrador ha perdido el sentido del mundo actual, pues no sabe lo que está pasando”.

Al respecto, no hay mucho qué decir. El diálogo encierra parte de la miseria que he señalado. Alguno podría decir que se trata de dos hombres exitosos que para serlo no han tenido que leer miles de libros. Han sido caudillos afortunados, ciertamente, pero no cultos, tampoco inteligentes. Uno llegó a la Presidencia de la República y allí cometió las peores barbaridades que avergonzaron al país entero. El otro competirá por tercera ocasión tratando, como mero capricho, de llegar a Los Pinos más por la necesidad de amplios sectores de la población de seguir a caudillos severos. Pero lo más claro, y ahora que tenemos redes sociales lo confirmamos diariamente, padecemos una clase política incapaz y teóricamente pobre.

Lo más dramático del asunto es que cada tanto el número de partidos políticos crece y de tal manera la miseria política es más visible y, para colmo, esa estupidez nos cuesta más cara a la sociedad.

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