La corrupción no respeta partidos

René Avilés Fabila

 Llamar la atención de los medios y la sociedad es algo obligado en la vida de los políticos mexicanos. Se llama exhibicionismo y es natural. Hay que darse a conocer a través de cualquier medio. Que hablen bien o mal, pero que hablen de uno, reza una frase común entre ellos. De lo contrario, ¿si son desconocidos, qué partido los aceptará para obsequiarles un empleo, una curul? La frase del legendario Fidel Velázquez de no moverse para salir en la foto es obsoleta. Ahora hay que moverse desaforadamente para ser considerado.

Para todos no es evidente que las ideologías han muerto, al menos en México. El priista que se siente ofendido porque no le dieron la senaduría que deseaba o creía merecer, se marcha al PAN, al PRD de preferencia, edificado a base de los desechos del otrora invencible y absolutista partido oficial. Nada de eso les quita su materia prima esencial: la corrupción. Veamos algunos casos. Purificación Carpinteyro. Empresaria, panista, comete errores notables, sale directo al PRD para sumarse a los mercaderes que usan responsabilidades políticas para hacer dinero. Amalia García, tan bonita que se veía cuando era comunista, se hizo gobernadora perredista y dejó Zacatecas endeudado y a su hija como pesada herencia, ahora actúa como si fuera la madre Teresa de Calcuta, pero en muy bajo perfil.

Rosario Robles. Para qué narrar su historia, de sobra es sabida. Feroz perredista porque tenía el corazón del lado izquierdo (como todos, por cierto), hoy no pierde oportunidad para destacar sobre sus compañeros priistas, a causa de sus ilimitadas ambiciones personales. La lista podría ser infinita. Delegados capitalinos y gobernadores que despilfarran en su propia familia. Perredistas como Alejandro Encinas, quien escondió en la cajuela de su coche a otro diputado acusado de narcotráfico y ahora habla de dignidad ante las reformas presidenciales.

El país es gobernado por una partidocracia que consigue ponerse de acuerdo en lo fundamental: mantener sus privilegios. La sociedad es poco importante. Se acercan a ella en busca del voto. No más. Sin embargo, y es asombroso, seguimos resistiendo escándalos, pillerías, ausencia plena de valores, y de pronto hasta héroes resultan muchos de ellos. Los medios contribuyen en la vergonzosa tarea. Nos gobiernan personas carentes de principios ideológicos, su discurso es semejante, casi idéntico, nos endilgan frases comunes y nos ofenden con su cinismo. El PAN es el peor de los partidos porque siempre prometió docencia, honorabilidad, alejarse de la corrupción. Ya en el poder se mostró como todos.

¿Cuánto más soportaremos a políticos saltarines, que van de un partido a otro sin escrúpulos, que como la señora Carpinteyro hacen negocios aprovechando el cargo público o deciden ser exhibicionistas descaradas como Rosario Robles o meten las manos en las arcas nacionales como cualquier delegado capitalino? Lo ignoro. De algo estoy seguro, no veré el cambio, es a futuro y como decía Keynes, a largo plazo todos estaremos muertos.

www.reneavilesfabila.com.mx