Juan Antonio Rosado

Cuando a cualquier lector se le habla de novela policiaca o detectivesca, llena de intrigas, tensión narrativa, violencia, crímenes, amenazas de muerte y demás situaciones extremas, con toda seguridad se figura un mundo casi totalmente masculino, con un detective o policía inteligentes que resuelven casos en medio de mitológicos “descensos a los infiernos” y pruebas de todo tipo, con la ansiedad que conllevan tales conflictos. Patricia Valladares ha roto el esquema tradicional de este tipo de novelas en Tan frío como el infierno. En principio, la figura del detective es aquí femenina y se llama Milena, exagente judicial que recibe su primer caso como detective privada.
Dividida en 16 capítulos, la novela de Patricia se caracteriza sobre todo por su agilidad narrativa. Los temas no se desvinculan del contexto en que ha vivido nuestro país desde hace ya mucho tiempo: violencia, corrupción, intereses personalistas en las altas esferas de poder, descomposición social… La obra se abre de hecho con una estampa titulada “Casa de seguridad”, donde se nos describe el secuestro de Eloísa en trece líneas. Luego descubrimos que Eloísa, corresponsal de guerra y activista, llegó a considerar el cuerpo de las mujeres como “un territorio de guerra”.
Desde el primer capítulo, “Territorios de guerra”, el flujo narrativo nos atrapa (nos secuestra) y nos lleva del Starbucks del Ángel de la Independencia (¡oh, paradoja: una trasnacional confronta nuestra supuesta Independencia!), al Aeropuerto de la capital, pasando por Berlín, Oaxaca y muchos otros lugares, incluidos hoteles y departamentos (el de Milena Ruiz es quizás el más recurrido).
Sin ser novela “feminista”, rompe definitivamente con el lugar común que la cultura machista nos ha otorgado de la mujer. No sólo apreciamos el papel de la fotógrafa de guerra secuestrada y el de la detective, sino también el de una secuestradora. En realidad, el núcleo del conflicto descansa en el secuestro y sus implicaciones en todos los niveles, pero sobre todo en el seno de lo que uno de los personajes califica como “país del ya merito”. Sólo oímos, en efecto, “ya merito ganamos” o “ya merito desaforamos al gobernador de tercera, ya merito se organiza una nueva revolución”. Aquí nada pasa y la indignación del pueblo tan sólo alcanza “para que organicen marchas de protesta”. Mientras tanto, en este país, “con el primer lugar en secuestros”, la detective Milena podría hacerse rica con casos más interesantes.

Patricia Valladares, Tan frío como el infierno.
Planeta, México, 2014; 237 pp.