Juan Antonio Rosado
De entre los poetas italianos a quienes podemos considerar “malditos” —como el mexicano Bernardo Couto Castillo—, se encuentra Eros Alesi (1951-1971), que huyó de su hogar, vivió de modo marginal entre drogas y hippies, formó parte del movimiento Mondo Beat y murió a los 19 años sin haber publicado en vida. Sus cuadernos fueron rescatados y publicados poco a poco en Italia. A pesar de su corta vida, Alesi fue un viajero incansable, aunque perseguido obsesivamente por “voces sádicas”. Su escritura es en gran parte autobiográfica y exhibe imágenes intensas, a veces grotescas y por fortuna impúdicas, acaso emanadas de instantes cercanos a la locura, al delirio o al suicidio. Se muestra un alma pendida de un hilo a punto de romperse: el puff como hartazgo, el mal du siecle del siglo XX, el Weltschmertz italiano. En fin, uno de los descendientes poéticos de Arthur Rimbaud: “Eros Rimbaud”, como se autodenomina en un poema.
Hiram Barrios, ensayista y traductor, nos entrega una edición bilingüe de una selección de poemas en prosa de Eros Alesi. Tras la lectura del libro, puede constatarse que Barrios ha traducido a nuestra lengua lo que Octavio Paz consideraría la universalidad de los poemas: su contexto, su emoción y su sentido, y que con el ritmo propio del español ha plasmado las imágenes irreverentes, la degradación de las figuras paterna y materna y la conciliación con la primera tras su muerte. Es el lado nocturno del ser y su insomnio permanente, lleno de “ametrallamientos verbales y frascos de anfetaminas”, la ansiedad, las ciudades de occidente y oriente, la “mamá morfina” y la “señora muerte”.
Voces paranoicas, título de uno de los poemas (y del poemario), proyecta una imagen que se repite, una imagen obsesiva que a menudo se multiplica en imágenes análogas, fragmentadas y a la vez unidas por el nexo che (que), ajeno a la yuxtaposición, pero paradójicamente generador de empalmes sintácticos al estar ausente cualquier verbo principal del que deberían surgir esos nexos de relativo, si bien a veces es notorio que enfatizan el hartazgo. Se trata de un estilo muy peculiar e inimitable: el polisíndeton cumple una función poética. Pero el valor de los textos radica en su intensidad, y eso lo supo mantener el traductor. Como ejemplo, transcribo sólo un fragmento de uno de los poemas emblemáticos de este poeta tanático: “Querida, dulce, buena, humana, social mamá morfina. Que tú, sólo tú, dulcísima mamá morfina, me has querido bien, como esperaba. Me has amado totalmente. Yo soy el fruto de tu sangre”.
Eros Alesi, Voces paranoicas (bitácora inédita). Traducción de Hiram Barrios,
Cuadrivio, México, 2013; 73 pp.
