Ultraderecha gringa

René Avilés Fabila

 El gobernador  de Texas, un estado que se cocina aparte por su extremo conservadurismo, Rick Perry hizo declaraciones insolentes, agresivas y sin fundamento alguno. Que la frontera con México sirve para el tránsito de terroristas. De inmediato le contestó el titular de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, citando fuentes serias de Estados Unidos. Tanto el Pentágono como el Departamento de Estado han precisado que no existe prueba alguna de que México sea el paso de los terroristas que tratan de ingresar a territorio norteamericano.

Perry no en vano es gobernador de esa enorme ínsula, otrora parte de México, que tiene devoción por la violencia y por las posturas fascistas. En estos momentos en que Estados Unidos padece serios problemas raciales, Perry creyó oportuno acusar a los mexicanos de facilitar su territorio para que aquellos que han sido profundamente agraviados y humillados por la política estadunidense, quieran tomar venganza.

Las declaraciones del gobernador texano son necias y provocativas. A lo largo y ancho de Texas hay miles, acaso millones, de mexicanos y descendientes de mexicanos que han hecho un gran esfuerzo para enriquecerla. Su único problema es la miseria mexicana que los hizo ir a Estados Unidos a buscar posibilidades de trabajo a costa de humillaciones y actos racistas.

  Si Perry y otros encumbrados políticos norteamericanos temen las agresiones de terroristas provenientes de Medio Oriente, deberían revisar su política exterior. Sus tropas han destruido naciones enteras y masacrado a miles y miles de árabes. Finalmente, en lugar de dedicarse a buscar indocumentados en Texas y en otros sitios de la Unión Americana, deberían dejar de ser el polizonte del planeta y no buscar más guerras en Medio Oriente y en otros puntos con el pretexto de poner a salvo los intereses norteamericanos.

Las declaraciones de Perry son impertinentes y sobre todo destilan odio por México y un insano y curioso patriotismo que dejó sepultadas las invasiones norteamericanas a nuestro país, y desde luego, el enorme robo de medio territorio nacional.

Las protestas no sólo deben salir de México, sino también de los sectores norteamericanos que se jactan de racionales. El excesivo patriotismo yanqui a la larga les resultará muy costoso. De hecho ya podemos observar la aversión que en muchos países sienten por Estados Unidos.

A pesar de una larga historia de agravios, humillaciones y pérdidas territoriales, México se ha mostrado amigo y hasta en momentos bélicos aliado de Estados Unidos. Es tiempo que las autoridades reconozcan nuestros esfuerzos y sentimientos nacionales y comiencen a tratarnos con el respeto que merecemos. No sólo somos sus mejores socios sino que incluso les aportamos involuntariamente mano de obra barata para sus logros comerciales y soldados para seguir siendo polizonte del mundo.

 

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