Jorge Alberto Tenorio Terrones
La alerta mundial lanzada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en días pasados, ha puesto de nuevo en la mira a África. Más de 900 personas han fallecido por el virus, que hasta el momento, no tiene cura. Las autoridades de los países de África occidental que enfrentan la epidemia han tenido serios problemas para controlar la situación y, sus sistemas de salud, están siendo rebasados.
La emergencia por este virus se ve magnificada por una razón muy sencilla, y es la visión que las personas seguimos teniendo sobre África. Los medios de comunicación reportan cerca de mil muertos hasta el momento, sin embargo, se nos olvida muchas veces que la epidemia se ha localizado en 4 países: Guinea-Conakry, Liberia, Sierra Leona y Nigeria. La idea de que África es un país es inherente cuando se aborda las problemáticas de aquella región. Recientemente escuché en un programa de televisión sobre la importancia del tema “ébola” en el mundo y particularmente la visión desde México.
Una de las participantes de dicho programa señalaba con seguridad, que si bien el tema era relevante, en México no se discutía mucho al respecto debido a lo lejos que África “nos quedaba”, y que, evidentemente, este tipo de noticias lejanas, eran parte de una ignorancia recíproca. Es decir, México desconocía África y África desconocía México. Es verdad que la conductora del programa no se equivoca cuando asegura que a los africanos (aquellos que viven en el “país de África”) están poco enterados de lo que sucede en México, y que los mexicanos estamos poco enterados de lo que sucede en África; sin embargo, se equivocó al señalar que África y México tenemos casi nada en común.
En principio, la conductora olvidó la emergencia sanitaria que vivió México durante el año 2009 debido al virus de la influenza AH1N1 (una cepa del virus de la influenza hasta ese momento desconocido). Tan sólo en México, alrededor de 300 personas murieron por este virus. Y más de dos mil estuvieron infectadas. Se supo después que la población más afectada por el virus fue la de personas que padecían alguna enfermedad crónica como obesidad, diabetes, VIH, etc. Esto ayudo a tener más claro cómo y a quién afectaba en mayor medida el virus.
Es verdad que la infraestructura de países como Sierra Leona, Guinea o Liberia no puede ser comparada con la de países como México, por lo que en el caso de la influenza, las autoridades y los sistemas de salud fueron capaces de controlar la situación a pesar de ser un virus desconocido. Sin duda, África occidental también sufre por primera vez una emergencia por ébola. Casi todos los casos se habían presentado África oriental y central, focalizándose en un país solamente. Ahora, se pone a prueba las capacidades de infraestructura y capacidad de reacción de los gobiernos de los países afectados. También se pone de manifiesto la necesidad de realizar una mayor investigación en salud, dentro y fuera de África, sin afectar a las poblaciones locales.
Habría que pensar también la forma en la que aparece el virus del ébola, dónde fue localizado, cómo se transmite, las experiencias previas en la zona de los grandes lagos de África y la población más vulnerable. Después de todo, este virus no es el único que existe debido a la manipulación de animales infectados o a investigaciones de laboratorios farmacéuticos internacionales en África. No cabe duda que la presente alerta mundial de la OMS pone de nuevo a África en el imaginario colectivo que reafirma la idea de una región de pobreza, enfermedades y conflictos.
Esperemos que la reunión reciente de más de 40 jefes de Estado de África con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, haya sido una excelente oportunidad para tratar la solución a esta emergencia sanitaria. Ojalá.
Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y
Sociales de la UNAM, especialista en África.
