Juan Antonio Rosado
La poesía es el vehículo idóneo —tal vez el único— para expresar la fuerza, la ambigüedad, el profundo vínculo que implica el sentimiento de lo sagrado como una tentativa de descifrar o tan sólo de comprender la vastedad del universo y su misterio, pero también como estrecha comunión con una tradición, un pasado en que los hombres, con deseo e imaginación, establecieron relaciones con su entorno natural y llenaron carencias, produjeron vibrantes imágenes para explicar la realidad, imágenes que hoy conmueven a quienes —como Orli Guzik (México, 1960)— cantan al misterio desde esa misma tradición. Sin duda, Orli es en nuestro país la portadora del sentimiento religioso judío a través de la voz poética.
Pero más allá de la continua relación con la tradición hebrea, los versos de Guzik son ante todo —y sobre todo— poesía. Y la poesía subyace siempre en la manera de contemplar el universo, la realidad: se trata de una sensibilidad, un modo de ver y sentir no necesariamente constreñido al ámbito religioso. Lo demuestra la versatilidad de la autora judeomexicana, quien no sólo emite alabanzas y plasma figuraciones mitológicas o religiosas, sino también es capaz de concebir, en Vaivén de almendros (2013), un hai-kú como este: “Cual peregrino/ ruiseñor inasible/ frágil el alba”, o como este otro: “Convocan trinos/ las rosas germinando/ la primavera”. La naturalidad, la espontaneidad sigue siendo el rasgo común a todas las piezas de esta autora. Borges nos recuerda unas palabras de John Keats a propósito de la naturalidad: “el poeta debe dar poesías naturalmente, como el árbol da hojas”. Es la fertilidad un misterio resuelto en apariencia mediante esas hojas que el poeta desprende del árbol de su interior, de su experiencia, de su sentimiento religioso.
En Tiempo de Dios (2013), la autora ya intercala poesía y prosa. El cuento que le da título al libro versa en torno a la violencia generada por el narcotráfico y nos revela a una poeta capaz de concebir intensas narraciones. En Aquí canto (2013), se centra nuevamente en el mundo judaico: sus fiestas, mitos, enseñanzas. Lo mismo puede afirmarse de Donde crece lo sagrado (2014), su último poemario, publicado por la naciente editorial Leña Verde, proyecto hecho realidad al que deseamos mucho éxito. Concluyo este breve recuento de las producciones más recientes de una poeta de ya larga trayectoria con unos versos de “Miriam”, pieza perteneciente al citado último libro: “Por la transparencia de su estirpe/ las mujeres/ persisten para alcanzar/ libertad y dimensiones nuevas/ cada día”.
