CIENCIA

 

 

Hallan en EU frascos abandonados con ese virus

 

 

 

René Anaya

En una caja de cartón abandonada en el fondo de un refrigerador de un edificio deshabitado, seis frascos alojaban a uno de los mayores enemigos de la humanidad, que tal vez podría causar la muerte de millones de personas en el mundo… Lamentablemente no se trata del argumento de una película de terror o de desastres, sino de un hecho real que ocurrió apenas el primer día del mes de julio de este año.

Efectivamente, en Estados Unidos, en el almacén de un laboratorio de la Agencia de Control de Alimentos y Medicamentos, localizado en uno de los campus de los Institutos Nacionales de Salud, en Bethesda, Maryland, se encontraron seis frascos etiquetados con la palabra “viruela”, que pusieron en alerta a las autoridades de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades, a la Organización Mundial de la Salud y a todo el mundo.

 

La cicatriz de la humanidad

Los expertos revisaron los frascos (viales, según el término técnico) sin encontrar evidencias de que hubieran sido abiertos y los transportaron a un laboratorio que cuenta con extremas medidas de seguridad en Atlanta, Georgia, para determinar si el virus era viable. Los funcionarios afirmaron que “los encargados de la seguridad sanitaria no identificaron ningún riesgo de exposición para los laboratoristas ni para las personas ajenas”.

Pero el hallazgo de los viales reavivó la discusión sobre la pertinencia de conservar concentrados puros del virus variólico o decidir su extinción definitiva, después de miles de años de haber sido compañero no grato de la humanidad.

Tal vez por las desagradables cicatrices que dejaba en el rostro y el cuerpo o por la elevada mortandad que causaba, la viruela es una de las enfermedades virales que cuenta con más registros históricos de sus estragos. Las pruebas más antiguas de su presencia se encuentran en tres momias egipcias en las que se observan las características cicatrices dejadas por la enfermedad.

A partir de entonces hay testimonios de su mortal paso por Asia, Europa y América, continente al que la introdujeron los españoles aunque se debe reconocer que también los españoles organizaron la primera campaña de vacunación masiva en el mundo, precisamente contra la viruela, en el continente americano, apenas siete años después de que Edward Jenner la aplicara por primera vez, en 1796.

El perfeccionamiento de la vacuna contra la viruela condujo a la erradicación de la enfermedad. En 1977 un somalí fue la última persona que se infectó de forma natural de la viruela, tres años después, el 8 de mayo de 1980, la OMS declaró la erradicación total de la viruela del planeta. Pero el virus continuó en la Tierra.

 

Los últimos virus de la viruela

En ese tiempo, los expertos en virus y epidemias consideraron conveniente conservar el virus, ante el temor de que surgiera algún brote y no se tuviera la posibilidad de producir vacunas para proteger a la población. Al paso de los años, los avances científicos y tecnológicos han permitido trazar los genomas completos de unas 50 cepas del virus de la viruela, con los que se podrían fabricar vacunas, por lo que se podría suponer que ya no sería necesario conservarlos.

Actualmente, el Centro Estatal de Investigaciones de Virología y Biotecnología, en Koltsovo, Rusia y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, en Atlanta, Estados Unidos, son los dos centros colaboradores de la OMS autorizados para el almacenamiento del virus. Ambos laboratorios continúan haciendo investigaciones que se enfocan a tres áreas: pruebas para diagnosticar la infección rápidamente, medicamentos antivirales y vacunas más seguras.

De esas tres líneas de investigación, la primera es la que ha tenido mejores resultados, la de los antivirales obviamente no ha sido posible llevarla a la práctica en humanos, por lo que su eficacia es dudosa, y la de vacunas está en una situación semejante.

Sobre las vacunas, la OMS ha informado que en el mundo se cuenta con entre 600 millones y 700 millones de dosis de la vacuna, y que se tiene una capacidad de producción que podría alcanzar los 250 millones al año. Por lo tanto, no habría razón para preocuparse por una epidemia.

Lo cierto es que el Comité Asesor de la OMS en Investigaciones sobre el Virus Variólico, reunido en septiembre del año pasado, concluyó que “ya no era necesario conservar el virus variólico vivo para efectuar investigaciones esenciales en materia de pruebas diagnósticas y vacunas para lograr beneficios de salud pública; pero admitieron la necesidad de conservarlo para investigaciones ulteriores sobre antivíricos”.

Sin embargo, la principal razón para no destruir los virus es el temor estadounidense de un ataque bioterrorista, que sería poco probable. Así, el virus de la viruela se conservará por cuestiones de seguridad… de los Estados Unidos.

reneanaya2000@gmail.com