Alfonso Reyes y Arnaldo Orfila Reynal

Roberto García Bonilla

Arnaldo Orfila Reynal (1897-1998) es uno de los baluartes de la edición en México. Desde el Fondo de Cultura Económica, primero, y luego como director fundador de Siglo XXI Editores, proyectó el trabajo mexicano al resto del mundo. La figura del editor en él alcanzó una jerarquía intelectual y de difusión que ahora sigue siendo modelo para las empresas que quieren hacer libros por pasión al saber y los libros.

Antes, en su país natal, Argentina, creó una universidad para trabajadores guiado por su ambición de una educación popular. La hondura de su vocación lo llevó, en sus años de estudiante secundario, a dirigir una escuela nocturna de seiscientos obreros: “desde entonces creía y sentía la necesidad de ofrecer con la enseñanza aperturas vitales a los que vivían en universos sumergidos”.

Previo a establecerse en nuestro país estuvo entre 1921 y 1944 y después de 1948 a 1965, lapso en el que dirigió el Fondo de Cultura Económica. Entonces, el autoritarismo del régimen diazordazista lo acalló por algunas horas que para Orfila serían unas de las más aciagas de su existencia centenaria: la renuncia que se le exigió por haber publicado Escucha, yanqui. La revolución en Cuba (1961) de C. Wrigth Mills y, sobre todo, la segunda edición de Los hijos de Sánchez. Autobiografía de una familia mexicana (1965), narración antropológica que cuenta la vida de una familia que vive en la pobreza, acotada por el hacinamiento, los atavismos.

Cuatro meses antes, en marzo de 1966, gracias a los afanes y la conjunción de intelectuales y librepensadores, se creó Siglo XXI Editores para que Orfila continuara con su labor que en perspectiva se podrá ver como la de una suerte de canónigo magistral de la edición en México. El catálogo de esta editorial es único por la nómina de autores de historia, sociología, psicoanálisis, arte, crítica literaria, teoría política, cuya integración inicial se debe a Orfila, quien estuvo al frente de la editorial hasta 1989; le sucederá Martí Soler (1989-1990) y Jaime Labastida (1990-), su actual director.

Como representante de la Universidad de la Plata, Orfila vino a México al Congreso Internacional de Estudiantes, celebrado entre septiembre y octubre de 1921, como parte de las conmemoraciones del Centenario de la Independencia de México. Ahí conoció a Daniel Cosío Villegas, a José Vasconcelos —secretario de Educación de Álvaro Obregón—, así como a Julio Torri y a Jaime Torres Bodet y al crítico Pedro Henríquez Ureña. En ese momento coincidió con la segunda visita a nuestro país de Ramón del Valle-Inclán. Ése fue el inicio de una fructífera colaboración con la intelectualidad mexicana.

Amistad hasta la muerte

Un año después viaja a Europa y conoce en Madrid a Alfonso Reyes (1889-1959), entre nosotros, la voz literaria más connotada de la primera parte del siglo XX; ese encuentro se convirtió en una amistad que se prolongó hasta la muerte del sabio mexicano, quien después de breve permanencia diplomática en París (1913-1914), se instaló en Madrid, donde se establecerá diez años (1914-1924). Volverá a Francia, entre 1924 y 1927; luego será nombrado embajador en Argentina (1927-1930), cuya estancia el mismo escritor definió como “una perpetua crisis. Nunca he vivido más lejos de mis hábitos y de mí mismo”.

Con todo, en Argentina Reyes convivió y labró amistades tan entrañables como la de Victoria Ocampo y Bioy Casares, además del reconocimiento del mismo Borges, quien exaltó su refinamiento estilístico. Luego será el titular de la embajada mexicana en Brasil (1930-1936). Y en la primavera de 1939 se hizo cargo de la Presidencia de la Casa de España (1938-1940), lugar de encuentro de los intelectuales republicanos españoles exiliado en México que se transformaría en El Colegio de México (1940).

En Correspondencia (1923-1957) Alfonso Reyes-Arnaldo Orfila Reynal, Serge I. Zaïtseff reúne cuarenta y dos misivas de dos intelectuales unidos, entre tantas afinidades, por la devoción por el saber enciclopédico; la pasión y el deber por ordenar, difundir el saber, desde la descripción historiográfica hasta la reflexión filosófica.

En FCE, Orfila publica la obra completa de Reyes

Reyes estimuló el fervor de su colega argentino por México, su riqueza, sus problemas y sus polémicas. No se veían con frecuencia y tampoco se carteaban tanto, pero ambos se profesaron afecto y admiración mutua, la cual se fortaleció en la convivencia y proyectos de amigos mutuos. Ya en 1929, Cosío Villegas (1898-1976) funda Economía y en 1934 creó El Trimestre Económico codirigido con Eduardo Villaseñor. Ese mismo año, los docentes y funcionarios de la Escuela Nacional de Economía, fundan el Fondo de Cultura Económica, cuyo director será el mismo Cosío Villegas (1937-1948). Además de libros sobre economía, aparecen títulos sobre sociología. Se integran editores exiliados como Joaquín Díez-Canedo. La literatura paulatinamente tendrá una importancia central.

Y en 1945 Orfila dirige la filial del Fondo en Buenos Aires desde donde le escribe a Reyes: “Lo veo a Ud. todos los días […] Su retrato en mi despacho, sus libros en todas partes, su nombre que cuando aparece frecuentemente citado en las facturas de los libreros me alegra porque veo así la expresión «efectiva» de la gente que lo busca a Ud., lo sigue, lo estudia”. Y durante trece años, a partir de 1948, el editor argentino estará al frente del Fondo de Cultura Económica, donde iniciará la publicación de la obra completa de Reyes; su primer volumen aparece en 1955; el tomo XXVII en 1993.

Esta correspondencia, contextualizada por las puntales notas de Zaïtseff, da cuenta de una fraternal amistad de dos intelectuales que abrazaron, conjuntamente, la visión clasicista de las humanidades con la reivindicación continental de quienes no tienen voz y manifiestan las “venas abiertas de América Latina”, parafraseando el título de Eduardo Galeano.

Correspondencia (1923-1957) Alfonso Reyes-Arnaldo Orfila Reynal, Serge I. Zaïtseff (comp., intr. y notas), México, Siglo XXI Editores, 2010.