El actual primer ministro de Turquía, Recep Tayipp Erdogan, ganó las elecciones presidenciales de ese país con el 51,8 por ciento de los votos; se impone de forma general en el territorio, incluso en Soma, donde se ha dado la mayor tragedia minera.

Erdogan es considerado por algunos un líder sin discusión que quiere impulsar a Turquía a nivel mundial sin renunciar a la tradición, y por otros un traidor ante las necesidades de cambio de su propio país que a través del Corán viola la laicidad del Estado.

Recep Tayipp Erdogan -Estambul, 1954- se enfrentó este domingo ante unas votaciones apáticas; el jefe de filas del partido islamista Justicia y Desarrollo (AKP) está al frente del poder desde 2003, años en los que se ha enfrentado a los sectores de la población que exigen en la calle que el país se deshaga de la tradición y dé paso a la Turquía moderna que espera la UE.

Además de que es visto como un político autoritario -por más que gane en las urnas-, Erdogan ha sido acusado de corrupción.

Pocos dudaban de que el líder turco lo tenía planeado, pero su plan ya era conocido: quería dar el salto y dejar de ser jefe del Gobierno para pasar a ser presidente “con poderes”, aseguran críticos, que aunque la Constitución turca no otorga al jefe del Estado todas las prerrogativas que la ambición de Erdogan necesita, apuntan a que él ya se encargará de amoldarla a sus deseos.