Comienza a ser aburrido
René Avilés Fabila
Con paciencia, terquedad y odio, Andrés Manuel López Obrador prepara su regreso a la arena política. Competirá nuevamente por la Presidencia de la República. De hecho es el único aspirante que no sólo manifestó sus deseos de ocupar Los Pinos sino que ya está en campaña abierta.
Veamos cuáles son sus fuerzas y sus generales para la obsesiva tarea. En primer lugar, tiene tropas, soldados rasos por miles, personas sin recursos de la tercera edad que ven en él a un salvador. Cuenta con que dejó el PRD convertido en un cascarón al llevarse a los cuadros más combativos como Claudia Sheimbaun, Martí Batres, René Bejarano y Bernardo Bátiz, entre otros. Muchos de ellos tienen facilidad para obtener recursos, y como otros de sus aliados seguramente estarán personas que seguirán en el PRD como Alejandro Encinas. Y entre los organismos que le proporcionarán recursos con tal de crecer está el PT y el MC.
No cabe duda, López Obrador es un pejezombi: lo matan, resucita y regresa, no acaba de morir, pierde elecciones y regresa con bajos números en las encuestas y de pronto recupera fuerzas y le da un susto al candidato más fuerte, sea Calderón o sea Peña Nieto. Realmente su tenacidad es más admirable que su talento político, nunca ha dejado de ocultar sus huellas de corrupción, autoritarismo y falta de cultura. No le importan. Se ve a sí mismo como un ser elegido por una voluntad suprema para salvar a México de aquéllos que desean destruirlo. Es, en suma, nuestro gran campeón.
Se prepara para recuperar la joya de la corona, el DF. Por ejemplo, busca a candidatos a delegados y legisladores entre sus más cercanos primero, y enseguida entre jóvenes que cuentan con poca experiencia pero que no tienen las sucias credenciales de los perredistas tradicionales. La capital ha sido su mayor baluarte, como en general lo ha sido de lo que insisten en identificar con la izquierda, PRD y demás.
Sin embargo, el DF se ha cansado de los altos niveles de corrupción y del majadero autoritarismo e ineficiencia de tal organización y es posible que los pejistas no encuentren terreno fértil, puesto que además tendrán que competir contra los que antes fueron sus empleados. No le será fácil ganar la capital como antes lo hizo, ni siquiera tendrá grandes posibilidades de derrotar a un buen candidato del PRI o del PAN, en ese orden.
Imagino que entre sus cercanos los habrá sensatos y objetivos y le aconsejen mejores tácticas que las de oponerse a todo. Podrá volver a crecer y con su propio partido dar una batalla interesante, pero de nuevo perderá y esta vez será definitiva.
Por lo pronto tiene la ventaja de estar ya en plena pelea presidencial, cuando todavía faltan casi cuatro años para arrancar formalmente. Eso cuenta. Ha dado el madruguete que nos dijo en forma literaria Martín Luis Guzmán. Sólo que eso no es novedad en él, es algo tan viejo como su rechazo tajante a toda sensatez, a todo acto de inteligencia.
Nos queda ver pacientemente una campaña más de López Obrador. Fue interesante. Comienza a ser aburrido.
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