coluNo hay, sin embargo, estudios concluyentes
René Anaya
En el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, que se celebró a fines de agosto, varios cardiólogos presentaron trabajos que relacionan de manera directa la depresión y el estrés con algunos padecimientos cardiacos. Aunque se debe reconocer que esas investigaciones son estadísticas, por lo que no son concluyentes.
En términos generales se acepta que la depresión y el estrés pueden perjudicar el corazón, pero los expertos no están seguros de que por sí solos causen padecimientos cardiacos o si son consecuencia de otros factores de riesgo que desencadenan la enfermedad.
Opiniones a favor y en contra
Investigadores alemanes presentaron un estudio en el que se encontró que un tercio de personas con insuficiencia cardiaca tenían depresión. De esos deprimidos, 26.9 por ciento murieron por su problema cardiaco después de año y medio. En comparación, solamente 13.6 por ciento que no estaban deprimidos fallecieron en el mismo lapso.
Sin embargo, cardiólogos como el doctor Nicolás Manito, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Bellvitge, de Barcelona, han planteado que los pacientes deprimidos se tratan con medicamentos que pueden desencadenar la depresión.
Asimismo, ha referido que una persona joven con insuficiencia cardiaca debe abandonar su vida laboral, social y sexual, lo que causa graves alteraciones que facilitan la aparición de ansiedad y depresión. “Es un mecanismo que perpetúa la propia enfermedad, lo que lleva finalmente a un mal pronóstico”, ha señalado.
Otro estudio, realizado en Rusia con 870 mujeres entre 25 y 64 años, durante 16 años, mostró que dos de cada diez mujeres sufren estrés familiar. Además, se comprobó que las mujeres con estrés presentaron 1.39 veces más riesgo de tener presión arterial elevada; 5.59 veces más probabilidad de tener un infarto y 3.53 veces más riesgo de sufrir un accidente cardiovascular.
Con estos datos no se concluye que el estrés cause problemas cardiacos, según ha referido el cardiólogo Miguel Ángel García-Fernández, secretario de la Sociedad Española de Cardiología, quien considera que el estrés se asocia con problemas cardiacos, pero no es una causa directa: “Una persona estresada normalmente comerá mal, fumará mucho, beberá y no tendrá tiempo para hacer deporte”.
Los corazones rotos
Aun así, se conoce que el estrés aumenta la frecuencia cardiaca y la presión arterial. En esta situación se libera más adrenalina, que aumenta la presión arterial y daña la capa de las arterias. Asimismo, se produce un aumento de concentración de los factores de la coagulación, lo que a su vez aumenta el riesgo de que se formen coágulos que obstruyan una arteria y provoquen un ataque cardiaco.
Estas consecuencias del estrés son reconocidas por los médicos, pero consideran que existen otros factores desencadenantes, que son responsables directos de los problemas cardiovasculares.
Lo que sí se conoce es que un cuadro de estrés físico o emocional puede desencadenar un padecimiento cardiaco que bien tratado puede ser transitorio. Se trata del síndrome de Tako-Tsubo (trampa de pulpos), que fue descrito en 1991 por los médicos japoneses K. Dote y H. Sato.
A este problema también se le ha llamado disfunción apical transitoria (alteración en el ritmo cardiaco de la punta del ventrículo), miocardiopatía por estrés o, más ilustrativamente, síndrome del corazón roto. El padecimiento se inicia después de una impresión muy fuerte, los síntomas son semejantes a los de un infarto (dolor en el pecho y dificultad para respirar), pero sin obstrucción de las arterias coronarias y, por lo general, el ritmo cardiaco se restablece después de poco tiempo, con una recuperación rápida, en la mayoría de los casos.
El cardiólogo Illan Wittstein, de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, ha planteado que algunas personas responden al estrés repentino liberando grandes cantidades de adrenalina y noradrenalina, que pueden “aturdir” el músculo y provocar síntomas parecidos a los de un infarto típico.
En apoyo a la hipótesis de que el estrés causa directamente este síndrome, se ha encontrado una elevada concentración en sangre de otras proteínas relacionadas con el estrés, como el neuropéptido Y, el péptido natriurético cerebral y la serotonina.
Por lo tanto, si bien no hay evidencias de que el estrés cause insuficiencia cardiaca, presión arterial elevada o infarto de manera directa, sí se conoce que llega a producir un padecimiento muy grave: el síndrome del corazón roto en algunas personas muy sensibles.
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