Con tan solo 33 años, el general Ignacio Zaragoza Seguín, moría el 8 de septiembre de 1862, en Puebla, en la calle de la Santísima, a causa de una tifoidea. Hombre de valor y gran entereza supo hacer frente junto con un pequeño ejército— alrededor de 100 hombres— a las fuerzas francesas de Napoleón III durante la Segunda Guerra Mundial.
Zaragoza Seguín, nacido en la Bahía del Espíritu Santo, el 24 de marzo de 1829, en sus primeros años inició la carrera sacerdotal para luego incorporarse al camino de las armas, al ver como su tierra natal dejó de ser parte del territorio mexicano para anexarse al vecino país del norte, cuando apenas contaba con 16 años.
Esta situación lo marcaría para enrolarse en la Guardia Nacional de Nuevo León, en 1853. De abril a diciembre de 1862 fue Ministro de Guerra y Marina del gobierno de Benito Juárez, cargo al que renunciaría para asumir el mando de una división, a fin de enfrentar la invasión francesa.
Fue en mayo de 1862 cuando el presidente Juárez lo designa como comandante en jefe del Ejército de Oriente y donde encabezaría la defensa de la ciudad de Puebla el 5 de mayo de ese año y vencerían a una de las milicias más poderosas: el ejército francés a cargo del general Charles Ferdinand Latrille, quien en tono insolente había señalado “somos tan superiores a los mexicanos en organización disciplina, raza, moral y refinamiento de sensibilidades, que desde este momento, al mando de 6 mil valientes soldados, ya soy el amo de México”.
Al finalizar la batalla, Zaragoza envía simplemente como parte de su informe de batalla un mensaje muy significativo “ las armas nacionales se han cubierto de gloria”.
Sin embargo Zaragoza, a los 33 años contraería la fiebre tifoidea lo que lo llevaría a una muerte prematura. A los tres días de su fallecimiento la LX Legislatura del Congreso de la Unión decretó que el nombre de Ignacio Zaragoza se inscribiera con letras de oro en el salón de sesiones y que la ciudad de Puebla llevará el nombre de Puebla de Zaragoza.

