Juan Villoro nació un 24 de septiembre, en la ciudad de México, hijo del filósofo Luis Villoro, estudió sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa, también formó parte del taller de cuento impartido por el escritor guatemalteco Augusto Monterroso, aficionado al rock (es autor, con Joselo Rangel, de dos canciones cantadas por Café Tacuba), realizó los guiones del programa radiofónico El lado oscuro de la luna en Radio Educación entre 1977 y 1981. Ese año fue nombrado agregado cultural en la Embajada de México en laRepública Deomocrática Alemana y vivió en Berlín Oriental hasta 1984.

Miembro activo en la vida periodística mexicana, escribe sobre diversos temas, como deportes, rock y cine, además de literatura, y ha colaborado en numerosos medios como Vuelta, Nexos, Proceso, Cambio, Unomásuno, entre otros.

El 8 de diciembre de 2013 recibió el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural “Fernando Benítez”, en el marco de la XXVII Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, México. En octubre de 2013 fue elegido como miembro de El Colegio Nacional, su discurso de ingreso fue programado para el 25 de febrero de 2014.

Vive entre México y España, país donde tiene un piso en el Ensanche de Barcelona y enseña literatura en laUniversidad de Pompeu Fabra.

Narrador, periodista, cronista, dramaturgo, un romántico del fútbol y las memorias urbanas, Juan Villoro es sin duda un escritor que asume su oficio como una contienda a ras de cancha.

Ganador del Premio Herralde de Novela por su obra El testigo y autor de títulos como: La noche navegable (Joaquín Mortíz, 1980), El disparo de Argón (Alfaguara, 1991), Dios es redondo (Planeta, 2006), Arrecife (Anagrama, 2012) entre otros, Juan Villoro es uno de los escritores que hoy en día dan presencia de las letras mexicanas en diferentes partes del mundo. Así, pues, en el marco de la 3era Feria del Libro Chiapas Centroamérica, se presenta “El apocalipsis (todo incluido)”  libro de relatos de este autor mexicano. Dicha presentación se llevará a cabo el 29 de septiembre a las 10 horas en el Auditorio de los Constituyentes de la Unach.

Villoro ha sido un crítico recurrente de varios aspectos de las redes sociales y en general del manejo que se da a la información en los medios digitales. Al respecto, ha señalado que el comportamiento humano en esos ámbitos ha dado pie a una civilización del equívoco, indicando que “no hay identidad a salvo” y que “cualquiera puede suplantar a cualquiera”, preguntándose si los respaldos digitales no serán tomados en el futuro como fuentes fiables para desentrañar el pasado, como lo son para nuestras sociedades.

En la actualidad, Juan Villoro es considerado uno de los periodistas mexicanos más importantes, pues sus crónicas son muy respetadas y gustan a los lectores. Para él, la crónica es el ornitorrinco de la prosa por la gran cantidad de influencias que pueden ocuparse para su creación. En sus propias palabras, “La crónica es un animal cuyo equilibrio biológico depende de no ser como los siete animales distintos que podría ser”. Considera que, contrario a lo que sucede con la poesía y la novela, el periodismo no puede ser indiferente a las injusticias de la vida real, aunque está consciente de la problemática que vive su México, el cual es uno de los países más peligrosos para ejercer dicha profesión.

Su gusto por el teatro empezó desde la infancia, pensando que su carrera tomaría dicha vertiente, hasta que empezó a escribir cuentos. El autor describe esta pasión como una ilusión pospuesta.2

Fue hasta los 50 años que comenzó esta etapa de su carrera, lo cual toma como un desafío totalmente nuevo porque en él, el diálogo es una forma de acción.  “El teatro es el único género en el que el diálogo es una forma de la acción, ya no se trata de explorar la naturalidad del habla como lo puede hacer el cuento o la novela, o de plantear una situación dramática, sino de convertir el diálogo mismo en una acción. A Villoro le parece fascinante la posibilidad literaria y la capacidad emocional que permite el teatro, donde no existen filtros para decir muchas cosas y donde los personajes representan la emoción.

Los lectores de Villoro no desconocen su gusto por la música, en especial por el Rock, al cual fue atraído desde temprana edad debido a su interés por la contracultura. Se describe él mismo como muy dogmático en la materia, incluso llegando al extremo de relacionarse únicamente con personas que escucharan cierto tipo de Rock en su juventud.

Su primer trabajo fue como guionista del programa radiofónico El lado oscuro de la luna, de Radio Educación (1977 a 1981).Más adelante participó con la agrupación mexicana Café Tacuba en dos canciones para la banda sonora de la película Vivir Mata (2002), dirigida por Nicolás Echevarría, en las cuales tiene crédito como autor junto con José Alfredo Rangel Arroyo (Joselo Rangel), guitarrista del grupo. “Sashimi (Corte fino)” y “Laberinto” son los nombres de dicho material.

La afición que tiene hacia la música no es puramente estética, por el placer de escucharla, sino que afirma que es una forma de recuperación de la memoria que se ha perdido como consecuencia de los múltiples dispositivos a los que las personas del siglo XXI se han acostumbrado: “Disponemos de tantos cacharros para archivar datos que la desmemoria se ha vuelto una condición de la existencia. El olvido es a nuestra mente lo que la fibra al intestino: un vacío gratificante. Pero de golpe llegan los Rolling Stones, Jagger se hace el inexplicable corriendo con frenesí como un atleta de la categoría sub-70 y recuperas capas de tu existencia.