Después de tres años de seguimiento a un grupo de familias víctimas del maltrato intrafamiliar y abuso sexual, un equipo de investigación de la Universidad Javeriana encontró que las agresiones, además de todo el daño que causan por sí mismas, reducen la capacidad de las mujeres y de sus hijos para pensar, recordar, sentir, analizar y relacionar.

El maltrato intrafamiliar es un problema tan frecuente que, de acuerdo con el más reciente informe de Medicina Legal, el año pasado se registraron 68 mil 230 casos: 44 mil 743 (65,58 por ciento) correspondieron a violencia de pareja y 9 mil 708 (14,23 por ciento) contra los hijos.

Para estudiar el impacto del maltrato en el funcionamiento mental de las afectadas, los investigadores de la Universidad Javeriana analizaron la situación de cerca de 70 mujeres, de Bogotá y sus alrededores, que asisten con sus hijos a centros de refugio para recibir protección y ayuda psicológica.

El equipo logró establecer que los ataques a muerte hacia las madres, en los casos más extremos, afectan directamente a los niños, que cuando no son golpeados o víctimas de abuso, son testigos de la violencia lo que los hace crecer con miedo y terror, reduciendo también sus capacidades mentales.

Incluso, esto podría explicar, según Torres, el hecho de que algunas mujeres víctimas regresen al lado de sus esposos agresivos y maltratadores o de otros que tengan la misma conducta, pues no saben o no se sienten capaces de salir adelante por sí mismas.

A raíz de las conclusiones, además de la prevención, la psicóloga advierte la importancia de políticas sociales para que a las mujeres víctimas de violencia se les ayude a conseguir un trabajo, no solo para sobrevivir sino para apartarse del maltratador, hasta que puedan recuperar su lugar en la sociedad y experimenten un crecimiento personal.

Otro de los hallazgos del estudio es que las mujeres afectadas logran superar episodios de violencia con mayor facilidad si cuentan con el respaldo de sus madres, que ya son abuelas, y resultan al final las orientadoras para que sus hijas y nietos salgan de ese círculo de horror.

Según la psicóloga es como si, después de los años, las abuelas pudieran entender de una manera distinta el maltrato, porque lo sufren sus propias hijas y deciden tener una reacción que evite que se repita la historia que ellas pudieron vivir.