Todos los partidos quieren la suya

 

 

René Avilés Fabila

 La consulta popular es una figura  extraña: todos los partidos la buscan y ninguno acatará sus resultados a menos que lo favorezcan. Finalmente es tan sólo recoger un puñado de simpatizantes de la propuesta en turno que jamás llega a ser representativa. Por ahora estamos ante un torneo, de carácter más electoral que certeza de que la propuesta resultará un éxito. El PRD quiere que el petróleo siga siendo propiedad del gobierno, el Gobierno del Distrito Federal y el PAN quieren que el salario mínimo suba y el PRI que desaparezcan legisladores plurinominales.

Todas las propuestas tienen su encanto y apoyo. ¿Qué ciudadano, no de México, sino del planeta desea más impuestos, o quién en Estados Unidos o en Brasil o México no busca ahuyentar aunque sea un poco a la corrupción? Jamás encontraríamos aquí un mexicano que pida a gritos un salario mínimo más bajo o una familia que demande mayores impuestos.

La aparición de los antes llamados diputados de partido es una invención del PRI. Tenía sentido en su momento. Bajo su aplastante dominio era necesario darle salida a las protestas, a la crítica. Así aparecieron. Primero unos pocos, luego crecieron hasta hacer cámaras pesadas y costosas. Innecesarias. Más diputados, senadores y asambleístas no garantizan mayor democracia.

Finalmente, el enorme costo de la pluralidad mexicana es pagado con los dineros oficiales, es decir, con recursos de la sociedad. Y ella contempla cómo gastan, viven se pelean entre sí, se corrompen, toman la tribuna, protegen narcotraficantes, favorecen intereses de empresarios y muchos de ellos ni siquiera gastan los zapatos haciendo campaña. Es el caso de más de un dirigente de partido, incluyendo a los del PRI. Los importantes, los mejor preparados o de mayor experiencia no los arriesgan a hacer campaña, les regalan la curul. Ya hace algunos meses, un periodista afamado hizo una suerte de consulta a través de los medios a su alcance. Obtuvo resultados asombrosos y en consecuencia una alta popularidad: Su pregunta era si queríamos plurinominales o no. No hubo una voz que los aceptara.

Pero a pesar de lo mucho que los legisladores gastan en publicidad, no basta para darles prestigio y menos para que los resultados sean favorables al país. El cuerpo legislativo es realmente un circo donde menudean los provocadores, los líderes ignorantes que optan por la toma de la tribuna, por el insulto, e incluso por la pillería. Allí está el célebre caso de la señora Purificación Carpinteyro haciendo negocios personales con las telecomunicaciones, un caso de cinismo sin límites. Alta reputación, los diputados, asambleístas y senadores no tienen. Por eso la propuesta de los priistas pareciera al menos más razonable y sensata que las demás. Claro que queremos mejores salarios, pero ése es un problema complejo de resolver. No se trata de dar una orden sino de reformar una complicada estructura económica y legal.

Son los partidos más débiles los que defienden a los plurinominales. Son el fundamento de su buen arranque hacia un mayor poder y más recursos económicos. Quienes dicen que esta disminución le dará mayor fuerza al partido en el poder no es tan cierto, ya el PAN estuvo doce años y hoy ocupa un lugar lamentable dentro del tortuoso juego de partidos. Lo que el sistema político requiere es cirugía mayor y que los partido aprendan a vivir de sus propios recursos sin el apoyo del gobierno.

En lo personal, yo apoyo la desaparición de los llamados e inútiles plurinominales, pero no sólo de la mitad, sino de todos. No representan más que sus propios intereses y no son elegidos por la ciudadanía, quien paga sus elevados salarios y prebendas.

 

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