Según la investigación de Luis Mario Schneider, le corresponde a un escritor de la vanguardia estridentista, Xavier Icaza, inaugurar la literatura sobre el petróleo con el título inolvidable de Panchito Chapopote: Retablo tropical o relación de un sucedido de la heroica Veracruz. Lo edita la legendaria Editorial Cultura en 1928 y las ilustraciones son de otro estridentista: Ramón Alba de la Canal.

Icaza disputa ser el precursor del tema con Francisco Monterde García Icazbalceta, autor de Oro negro, que se publicó en 1927, pero según las averiguaciones de Luis Mario, Icaza escribió su novela antes, en 1926. (Por cierto, Icaza es el padre de Anita, la esposa de Ramón Xirau).

El tercero es nada menos que Mauricio Magdaleno, quien publica en 1927, Mapimí 37 que se transformará en obra teatral como Pánuco 137 que se estrena en el Teatro Hidalgo en 1933. Mauricio Magdaleno forma parte del equipo, como guionista, del Indio Fernández y Gabriel Figueroa en las obras maestras del cine nacional, como Flor Silvestre, María Candelaria, La malquerida, Pueblerina o Río escondido. Al lado de Juan Bustillo Oro y bajo la protección de Narciso Bassols, impulsan el Teatro de Ahora. Fue, más tarde, Subsecretario de Cultura.

Novelas contemporáneas a la expropiación petrolera son Resaca de César Garizurieta, publicada en 1939; Huasteca, de Gregorio López y Fuentes, en 1939 y Oro negro, de Tina Sierra y que al decir que Luis Mario es la única mujer en abordar el tema.

Ya en la década de los cincuentas, dos obras importantes, Alba en las simas, de José Mancisidor, y Brecha en la roca, de Héctor Raúl Almanza, ambas de 1955 y tienen, también las dos, como tema central la expropiación de 1938.

Carlos Fuentes es el que toma la estafeta del tema petrolero con La cabeza de la hidra, de 1978. Esta obra es anunciada por el propio autor, como un ejercicio de relajamiento después del esfuerzo de su novela monumental, Terra Nostra. Esta obra, que por momentos llega al teatro del absurdo, ya está en el escenario de la Organización de Países Exportadores de Petróleo que llevaría a los enfrentamientos que todavía tenemos con los países árabes. México vive el sexenio de López Portillo cuando, por los descubrimientos petroleros, se llama a los mexicanos a administrar el auge y se acabó endeudando al país.

Morir en el Golfo, de Héctor Aguilar Camín, no trata el tema petrolero, sino el del líder del sindicato de esta industria, Joaquín Hernández Galicia, la Quina. Es imposible dejar de ver esta novela como el preludio de la prisión y caída del poderoso líder. Se publica en 1984, cuatro años antes de que Carlos Salinas sea Presidente. Tal vez no sobra decir en este contexto que Aguilar Campin ha defendido la intervención de la iniciativa privada en Pemex.

            México negro, de 1986, es el primer éxito de ventas, de Francisco Martín Moreno.

            Gerardo de la Torre, hijo de petrolero y petrolero él mismo durantecasi 20 años, aborda el tema en Hijos del águila, de 1989; en Muerte de Aurora, en 1991, y también en Los muchachos locos del verano de 1992. De la Torre no sólo ha escrito sobre este tema y tiene incursiones como guionista de cine y televisión. Fue discípulo en el teatro de Carlos Ancira y de Rodolfo Valencia. David Martín del Campo, como De la Torre, militanteun rato del Partido Comunista, escribió Quemar los pozos, en 1990. (Sara Rosalía).