Para los ricos
Marco Antonio Aguilar Cortés
Reconocemos septiembre como “el mes de la patria”; por esto, no nos sorprende que durante estas semanas tengamos en México símbolos patrios por doquier, y discursos patrióticos en cada ceremonia.
Así, cuando el presidente Enrique Peña Nieto expresó el pasado 13 de septiembre que “México somos todos, y lo construimos entre todos”, lo aceptamos como parte del ritual cívico, pero también nos permite reflexionar… ¿cómo estamos construyendo nuestro país?, ¿lo construimos a voluntad de todos, o al menos de la mayoría?, ¿unos pocos determinan cómo se construye, a favor de todos, o a favor de quienes ejercen el poder?
La primera parte de la frase presidencial es clara. Es cierto que México somos todos; en esto no existe duda.
La incertidumbre aparece en el concepto final. Podríamos aceptar, en inicio, que construimos entre todos, pero… ¿quiénes lo diseñan?, ¿y quiénes nos obligan a construirlo?, ¿es posible, y deseable, consultarnos a todos para el diseño? Conforme al artículo 40 constitucional somos una “república representativa”; empero, la supuesta democracia o la galopante demagogia ha incrustado en leyes secundarias normas jurídicas propias de una república popular, lo que constitucionalmente no somos.
Por otra parte, en eso de construir, desde los grandes edificios hasta los enormes complejos urbanos, las manos de los obreros y los maistreros son las que manejan máquinas o tabiques, hasta pintar y dar los perfiles finos, para que al final ellos, directos constructores, no tengan más que un salario de hambre, y nunca jamás puedan entrar a esos soberbios inmuebles construidos con su esfuerzo.
Esa peligrosa e injusta distribución de los bienes y de los servicios producidos en México refleja nuestro pésimo reparto del producto interno bruto, coengendrando la grave inseguridad y el dramático desempleo que padecemos.
Y ante esa azarosa y desconsoladora situación el presidente Peña Nieto asegura que para construir una mejor nación se comienza por una nueva actitud y un nuevo compromiso, “por lo que es momento de renovar el ánimo y la confianza en México”.
Esa “nueva actitud y nuevo compromiso”, ¿en qué consisten de manera precisa?, ¿qué deben hacer los dueños del capital?, ¿qué necesitan hacer los trabajadores?, en forma concreta, ¿en qué consisten para todos los mexicanos?
Los pobres del mundo, pero más los pobres de México, resultan un próspero negocio para los dueños del capital mercantilista que sólo atiende sus ganancias, sin cuidar a los seres humanos.
Miles de empresas en México cobran a gente de clase media créditos con interés mayor al 75% anual, lo que llevará a estos compatriotas a la pobreza.
Aun así, los mexicanos tenemos ánimo renovado, y mucha confianza en México. En lo que no creemos es en la pésima organización socioeconómica que nos está destruyendo.
