René Avilés Fabila

 El PAN ha cumplido 75 años. En apariencia su vida ha sido fructífera. En principio logró reorganizar la derecha que parecía dispersa y agónica en el México posrevolucionario. Estableció sus distancias con el gobierno del general Cárdenas al que veía como pro comunista e inició un discurso patético sobre ética, decencia, dignidad y catolicismo. Sus valores conservadores venían de muy hondo en la historia patria. Trabajó exitosamente aprovechando el autoritarismo y la corrupción del PRI en sus momentos de mayor poderío, cuando ganaba las elecciones de manera aplastante.

El PAN se desarrolló, pues, aprovechando los fracasos de los gobiernos oficiales. Con un caudillo barato y populachero, Vicente Fox, obtuvo la presidencia en 2000 y repitió la hazaña con Felipe Calderón en 2006 que parecía menos insensato que su antecesor. Bastaron doce años para que el país pusiera distancia con la derecha panista.

Fue realmente un exceso, nunca supieron los panistas para qué servía el Estado y destruyeron la administración pública creada con esfuerzos y décadas de trabajo. Pronto mostraron que a ellos también les gustaba el dinero fácil, el autoritarismo y el nepotismo. Fueron más allá y llegaron a extremos como festejar con prostitutas sus cumpleaños o fechas importantes para ellos, gastaron el dinero ajeno a manos llenas y fueron hasta Brasil a golpear y acosar a una mujer o construyen acueductos para robar agua de los sonorenses. Escándalo tras escándalo, el PAN, en las manos de dirigentes torpes e ignorantes, descendió de Los Pinos al tercer lugar electoral.

Honestamente nada tiene que festejar el PAN, salvo su cumpleaños y eso con discreción, porque han aparecido fotos de militantes panistas con uniformes nazis y para colmo han mostrado que también son racistas al descargar su rabia reaccionaria con un jugador de piel negra, como si los panistas fueran arios.

No parece fácil que el PAN regrese a gobernar México. El poder lo disputarán el PRI y el PRD, aunque algo obtendrá el panismo. Pero por ahora no le queda sino insistir en qué gran hombre fue su fundador, Gómez Morin, quien, por cierto, antes de salir del clóset conservador, ocupó diversos cargos de los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana.

Si el actual gobierno lo quisiera, podría exponer la manera en que los panistas gobernaron: desde las cuestiones políticas y sociales hasta las culturales. No hay éxitos que mostrar.

Pobre PAN, comenzó modesto y con escasos simpatizantes y luego de tener dos veces Los Pinos regresó a sus orígenes chiquitos e insignificantes.

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