El regreso de Nicolás Sarkozy a la política francesa ha desembocado -en cuestión de horas- en el prematuro arranque de la campaña para las elecciones presidenciales de 2017.
El ex presidente -2007 a 2012- se presenta como el líder capaz de “unir a los franceses” para superar la profunda crisis económica y política que sufre el país, así como la única figura capaz no solo de vencer a los socialistas actuales en el poder, sino también al ultraderechista Frente Nacional (FN), que según los sondeos sería el más votado si esas elecciones se celebraran en este momento.
“No quiero que mi país sea condenado a la única perspectiva de la humillación y el aislamiento, que es la del FN”, declaró Sarkozy este domingo por la noche a la cadena France 2, “la desesperanza, la cólera y la ausencia de perspectivas” lleva a muchos franceses a pensar que soluciones del FN, como las que propone contra los inmigrantes, pueden ser válidas.
“La señora Marine Le Pen -líder del FN- se equivoca alegrándose de mi regreso”, señaló horas antes Sarkozy a la publicación Le Journal du Dimanche. El viernes, poco antes de que el ex presidente oficializara su anunciado regreso, Le Pen aseguró que esperaba la noticia “con impaciencia”, “Es un buen candidato para el FN”, aseguró.
Sarkozy, en todo caso, piensa que la división clásica izquierda-derecha está superada, y que él se propone crear una alternativa. A pesar de negarlo en público, se postula como el líder adecuado para poner remedio a una situación que describe catastróficamente, “En 2014, es la quiebra de Francia la que puede arrastrar a la quiebra de toda Europa”, alertó.
Para empezar su misión, Sarkozy se plantea reinventar su partido (la UMP, el mayor de la oposición, con 191 escaños), cambiarle el nombre e intentar acuerdos con los centristas de la Unión de Demócratas e Independientes (UDI, que tiene 30 escaños) para frenar el imparable ascenso del FN, que en mayo fue la fuerza más votada (26% de los sufragios).
Si las elecciones presidenciales se celebraran ahora, Le Pen ganaría con alrededor del 30% de los votos. Según una encuesta del Instituto Francés de Opinión Pública (Ifop) publicada este mes por el diario Le Figaro, solo se le acercaría el propio Sarkozy con un 25% de apoyo, seguido por Alain Juppé (24%) -el mayor rival del ex presidente en la UMP que ya ha presentado su candidatura para 2017-, sin embargo, Sarkozy y Juppé, ganarían a Le Pen en una segunda vuelta.
Sarkozy aspira a liderar esa nueva formación de centro-derecha. El 29 de noviembre, la UMP elegirá a su nuevo líder. “No anunciaré que soy el candidato a las presidenciales. Eso será en otro momento”, aunque ya ha señalado quiénes son sus enemigos: Juppé, el primero, y también su compañero de filas François Fillon. “Los necesitaré”, comentó; desde luego, combatirá a Hollande -frente a quien perdió por poco en 2012 (51,63% contra 48,36%)- y a Le Pen, que ha convencido a los franceses de que es una fuerza política alternativa.
“Comienza una larga marcha”, dijo Sarkozy. Esa larga marcha hacia el Elíseo que supone una campaña de 32 meses arranca a la mitad del mandato de Hollande. Para Sarkozy, Hollande -“No pienso nada de él”, refirió en televisión- se ha dedicado a “demoler” la obra que él había hecho como presidente y lo acusó de engañar a los franceses por incumplir sus promesas, “Yo no miento”.
Por su parte, Hollande afirmó el jueves, “Terminaré este mandato, plenamente, sin preocuparme de mi popularidad”. Para el actual jefe del Estado y para su primer ministro, Manuel Valls, su vía reformista es la única opción posible para Francia, aunque de no hacerlo en estos 32 meses, las opciones de Hollande y de cualquier otro candidato socialista serán mínimas.
La vuelta de Sarkozy no cambia nada”, aseguró Valls, “Necesitamos tiempo. Los resultados tardan en venir, lo sé”. Francia también requiere ordenar sus cuentas públicas; París pidió otros dos años de prórroga, hasta 2017, para cumplir sus compromisos con Bruselas para rebajar su déficit al 3%, como exige el Pacto de Estabilidad.
kValls se reúne hoy en Berlín con la canciller Angela Merkel con un doble objetivo: su apoyo para esa prórroga y su impulso a una política europea de estímulos para superar el estancamiento de la economía francesa, lo que podría aceptarse sólo si se trata de reformas creíbles.
El tiempo que Hollande y Valls necesitan para ver resultados será determinante también para Sarkozy en el ámbito legal, luego de que la justicia lo investiga en por casos de corrupción, a menos que demuestre, como dijo en julio tras ser detenido, que la justicia está ”instrumentalizada” contra él.
