Juan Antonio Rosado
En un inicio asociado injustamente al nombre de Borges, Adolfo Bioy Casares ha cobrado vida independiente como escritor desde hace ya varias décadas. Si bien es verdad que colaboró estrechamente con Borges y que incluso algún crítico habla de Biorges como uno de los más célebres binomios literarios, también lo es que Bioy es autor de una obra auténtica, personal, con voz y estilo propios, a pesar del influjo borgiano. En Bioy encontramos las dos grandes vertientes del arte: el realismo y lo fantástico; a lo largo de su trayectoria, alternó y combinó ambas posibilidades, aunque muchos lo vinculen siempre a la literatura fantástica, que no es tan sólo la irrupción de lo insólito o extraordinario en la cotidianidad representada, sino más bien el hecho de que lo insólito carezca de explicación racional, es decir, una explicación a partir de la ley de la causalidad o de cualquier otra ley física. Todorov considera lo fantástico-extraño cuando lo que ocurre tiene al final una explicación. En La invención de Morel, sin duda la obra maestra de Bioy, sabemos al final las causas de las apariciones: el misterio halla su explicación. Por eso cabe la pregunta: ¿es obra fantástica con implicaciones metafísicas o se trata de una novela realista que sólo propone simbólicamente una cuestión metafísica?
Es claro el sustento fantástico en La invención de Morel: la novela es producto de una fantasía del autor, pero esa fantasía diagnostica y de algún modo analiza o explora la realidad sicológica del ser humano: su angustia ante la muerte y su afán de trascendencia, temas que existen por lo menos desde el Poema de Gilgamesh sumerio y babilonio. ¿Es el mundo una mera representación? Ya lo respondía el Vedanta en la antigua India, con su teoría del velo de Maya (la ilusión) que cubre el mundo, pero también Calderón de la Barca, Schopenhauer y Chuag-Tzú en su famoso poema en que él sueña que es una mariposa y al despertar no sabe ya si es él que soñó que era mariposa o si es la mariposa la que ahora sueña que es él.
Como sostiene Trinidad Barrera en su edición de La invención de Morel, esta obra opacó a la siguiente: Plan de evasión, y en general ha opacado al resto de la obra de Bioy por el entusiasmo no sólo de Borges, sino también de autores como Maurice Blanchot y Robbe-Grillet, guionista de El año pasado en Marienbad, película de Alain Resnais. Lo cierto es que Bioy, junto con Alejo Carpentier, Borges y el Alfonso Reyes de “La cena”, fue uno de los escritores que más se preocupó por el tiempo en el orden narrativo. Los experimentos y aportaciones de estos cuatro autores a la manera de manejar el tiempo (tiempo circular, tiempos paralelos, fragmentación, repetición de situaciones en tiempos distintos, simultaneísmo, escape de la sucesión temporal…) han sido decisivos en el desarrollo del arte literario de nuestro continente. Este año Bioy cumple cien años de nacido y su obra merece una relectura.
