Conducta de idiotas
Marco Antonio Aguilar Cortés
Los crímenes recientes y graves acaecidos en México han trascendido nuestras fronteras. Internacionalmente hay delitos de mayores magnitudes, pero siempre al perro más flaco se le pegan las pulgas.
Eso no lo expreso con el ánimo de exculpar a nadie, sino con la intención de que se piense, también, en los miles de muertos que están ocasionando en estos momentos los bombardeos aéreos en contra de pueblos musulmanes por parte de países de la Unión Europea, con el apoyo del gobierno de Estados Unidos.
Europa no ve la viga en su propio ojo, pero sí la paja en el ojo ajeno, ya que a través de su Parlamento demanda a México esclarecer la muerte de 3 y la desaparición de 43 alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, amenazando con afectar las relaciones comerciales con nuestro país.
Los gobiernos de esa Unión Europea y Estados Unidos, so pretexto de acabar con los terroristas yihadistas, han asesinado, en pocos días, a decenas de miles de niños, mujeres y hombres civiles de Siria e Irak, mediante bombardeos lanzados con alta tecnología desde un espacio aéreo sin riesgo.
Esos actos criminales de lesa humanidad resultan de una cadena de idioteces. Las luchas legítimas de los pueblos árabes se dan, casi siempre, acompañadas de violencia con piedras, palos, puñetazos, patadas y palabras soeces.
A esa violencia, con artefactos caseros, Estados Unidos y sus aliados responden de manera drástica, dejando dolor, impotencia, humillación y muerte.
Y ante ese terrorismo, los causantes de él, reaccionan brutalmente como sus creaciones. ¡He ahí la fisiología del terrorismo que hoy padece la humanidad!, independientemente del lenguaje idiota que utilizan los contendientes para justificarse.
Algo semejante acontece en México. Quienes ejercen el Ejecutivo, tanto federal como estatales y municipales, disponen del erario y arman un séquito a su derredor, sin profesionalismo, y con un vasallaje de tiempo completo que se reproduce en cadena jerárquica, interpretando el subordinado el lenguaje del jefe, casi siempre, a su mal saber y entender.
Así vemos, por ejemplo, que si un gobernador de Guerrero dice ante el encargado de la seguridad pública: esos estudiantes normalistas me tienen molesto; el de seguridad transmite al presidente municipal: dice el señor gobernador que esos normalistas ya lo tienen hasta la madre; provocando que el presidente municipal ordene a su jefe de policía: que hay que partirles la madre a esos normalistas; y, al final, la policía dispara, mata, quema, sepulta, a quienes con su violencia casera soñaron ser maestros algún día.
¡México no merece eso!; aplicando el derecho lo superaremos.
