Gran polémica ha provocado la ausencia del joven líder norcoreano Kim Jong Un de la escena política. Desde los programas humorísticos estadounidenses que se aprovechan de la situación hasta las explicaciones que intentan dar algunos periodistas, el gobernante de Corea del Norte ha generado tantos titulares como cuando amenazó ataques nucleares contra sus enemigos el año pasado.

Ante 40 días de la desaparición de esa figura pública, se sugiere que se trata de una habilidad por atrapar la atención sin hacer nada, que recae en la capacidad del aparato propagandístico del régimen comunista para colocar a Kim en el centro de todo, lo que provoca una oleada de especulaciones y rumores en la prensa internacional, la tradicional y la social.

También refleja las dificultades fundamentales que todo el mundo fuera de Corea del Norte -académicos, funcionarios del gobierno, periodistas- enfrentan para comprender lo que ocurre realmente dentro de una nación pequeña, pobre y autocrática que guarda exhaustamente sus manejos internos, a la vez que ignora las demandas de Estados Unidos y sus poderosos aliados de abandonar sus bombas atómicas.

Desde 1948, cuando su abuelo Kim Il Sung fundó la nación socialista rival de Corea del Sur, respaldada por Estados Unidos, la familia Kim ha “vendido” la noción de que ellos son Corea del Norte.

Abandono a actos públicos

Desde que se le vio en un concierto el 3 de septiembre, Kim no ha asistido a varios actos prominentes en los que suele estar presente; un documental difundido a fines del mes pasado hizo una breve referencia a una “incomodidad” del líder y mostró un video de agosto en que se le veía con sobrepeso y cojeando.

Muchos analistas creen que, aunque Kim puede tener algunas dolencias, probablemente no está grave. Pero otros se preguntan si será cierto, “¿Ha padecido Kim la muerte cerebral?”, preguntó un legislador surcoreano al almirante Choi Yoon-hee, titular de la junta del estado mayor, durante una audiencia parlamentaria el lunes.

Choi respondió que no y, sin entrar en detalles, dijo que los problemas de salud de Kim “no son suficientemente graves como para alterar su condición de gobernante del país”, aunque hay muchos motivos para suponer que es así.

No se han detectado movimientos de tropas inusuales ni otros signos de un posible golpe. Además continúa la diplomacia de alto nivel: tres miembros de su círculo hicieron una visita sorpresiva al Sur, algo que según los expertos sería inconcebible sin la anuencia del líder.

Los turistas y trabajadores extranjeros de ayuda siguen viajando al Norte, y no ha habido informes de restricciones ni advertencias para los diplomáticos.

Adam Cathcart, un disertante de historia en la Universidad de Leeds, comentó que solo hay dos cosas seguras: hay muchos rumores dando vuelta y la mayoría probablemente están equivocados.

Por su parte, la asesora de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Susan Rice, dijo que no ha visto indicios sobre una transferencia de poder en Corea del Norte, pese a que el líder Kim Jong Un sigue sin aparecer en público, “obviamente estamos vigilando muy cuidadosamente lo que está pasando en Corea del Norte”, indicó Rice al programa Meet the Press, de la cadena NBC.