Alfredo Bojórquez

 El pasado sábado 27 de septiembre se llevó al cabo el concierto Interesecciones I en el Museo Jumex. Una veintena de músicos mexicanos, al igual que de talla internacional, inauguraron el primero de cinco presentaciones que se llevaron realizaron en el Museo del Chopo, el Instituto Goethe, el MUAC y el Palacio de Bellas Artes, conmemorando los 80 años del compositor Christian Wolff, aprendiz de John Cage, que estuvo en nuestra ciudad dando talleres, pláticas y presenciando la interpretación de sus composiciones.

Con la galería del Museo Jumex completamente llena, incluso con parte del público de pie, músicos de los ensambles Liminar, Cepromusic, Chamizo, Generación Espontánea, al igual que la percusionista Robyn Schuwolsky, quien ha interpretado las composiciones de Wolff desde tiempo atrás, ejecutaron cinco piezas a lo largo de casi dos horas. Composiciones que atraviesan desde la música indeterminada que se practicó inicialmente en la Escuela de Nueva York, las décadas politizadas de los 70 y 80, hasta las piezas mucho más concreta de los últimos años.

La primera, Credo in us (1942) de John Cage, fue interpretada por Carlos Gómez Matus en el piano; Milo Tamez y Pedro Salvador en las percusiones. La brillante pieza abre y cierra con grabaciones de música clásica de una solemnidad aplastada por las entradas, anunciadas por el piano, de gestos sumamente rítmicos y juguetones de los tres instrumentos. En medio de tenebrosos y repetitivos acordes del piano, que parecía liderar las entradas y salidas de una radio descontrolada que sintonizaba tanto música bailable como de cámara, se fue desenvolviendo la pieza inicial del concierto, la única composición que no estaba estrenándose en ese momento.

Intersection I (1951), la pieza en la que más músicos participaron aquella noche, de Morton Fieldman, con Rodrigo Macías como director invitado, fue probablemente la más difícil de digerir del repertorio. En contraste con la composición de apertura, con pasajes entrecortados pero plenamente rítmicos y melódicos, esta segunda composición se desenvolvía en una multiplicidad de gestos cortos, en algunas secciones agrupados por familias de instrumentos, otras sonando en individual, pero siempre transmitiéndose entre silencios abruptos.

In between pieces (1963) de Christian Wolff, fue ejecutada por Antonio Rosales en el clarinete, Carlos Iturralde en la guitarra eléctrica y Carlos Gómez Matus en el piano. La mayor parte de la obra estuvo conformada por el piano y la guitarra sonando de forma percutiva, repentina, para ser precisos, mientras que el clarinete dejaba escuchar un fraseo de largo aliento. Carlos Gómez Matus utilizaba el piano directamente desde las cuerdas, generando ruidismo minimalista junto con la guitarra.

La cuarta pieza, Berlin Excercises (2000), de Christian Wolff, se estrenaba en México al igual que las dos anteriores, con la voz de Carmina Escobar, quien mimetizada con la flauta de pico tocada por Mónica López Lau, inició una maravillosa introducción armónica. El xilófono, tocado por Pedro Salvador, se alzaba sobre el fraseo de la voz y la flauta que comenzaron al unísono para después ir siguiendo caminos completamente diferentes, a los que se fueron uniendo el saxofón, tocado por Omar López, la tuba por Fabián Campuzano, el clarinete y el clarinete bajo por Antonio Rosales, el piano por Carlos Gómez Matus y la percusión por Milo Tamez. Después de un largo silencio que pareciera marcar un final, se retoma la pieza con sonidos percutivos en la voz, cercanos al beatbox, mientras que los instrumentos de aliento ejecutan sonidos ascendentes. Un último lapso largo de silencio abre paso a la voz que claramente canta en alemán, a ella se van sumando alegres melodías de los demás instrumentos que cierran la pieza sin previo aviso.

Finalmente, el estreno mundial de Concert (2014), dándole una estructura lineal con desenlace final al repertorio de piezas del concierto en contraste con la aparente no linealidad de la música de la noche, en presencia de su compositor y con la participación de la percusionista Robyn Schulkowsky, quien ha trabajado en colaboración con Wolff desde hace mucho tiempo y tenía una presencia privilegiada en la composición, de golpes contundentes y rápidos, entre los demás instrumentos. Esta última composición ofrecía pasajes mucho más organizados, aunque no por eso predecibles, por parte de el contrabajo de Juan García, la percusión de Milo Tamez, el oboe de Carlos Rosas, la trompeta de Sergio Ortiz, el trombón de Francisco Becerra, el corno de Mateo Ruiz y la viola de Alexander Bruck. Los espectaculares solos de Robyn Schulkowsky anunciaban juegos en los alientos que recuerdan a la música folklórica europea, el sonido de los gongs abría pasajes absolutamente coordinados y estrictamente rítmicos, aunque ejecutando los instrumentos de maneras poco convencionales, conformando, al igual que la primera, una de las mejores piezas de la noche.

De este modo se celebran los 80 años del compañero de John Cage, e hijo de Kurt Wolff, el editor alemán que dio a conocer a Franz Kafka. El Museo Jumex, donde se llevó al cabo el primero de los cinco conciertos del homenaje a Christian Wolff, también alberga obras de Cy Tombly, contemporáneo del compositor, ambos unidos por una fascinación por las letras clásicas, materia que Wolff impartió como profesor en Dartmouth College durante casi tres décadas. El concierto fue llevado al cabo gracias a la colaboración del Goethe-Institut Mexiko, la Fundación Jumex Arte Contemporáneo, el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Fondo Nacional para las Cultura y las Artes, particularmente su Centro de Experimentación y Producción de Música Contemporánea y la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, a través del Museo Universitario de Arte Contemporáneo y el Museo Universitario del Chopo.