Marcela Rodríguez Loreto
El primer pensamiento de Léonard al ser investido con el hábito de sacerdote, es para Timotina: “Puedo recordar la pasión, ahora sosegada y latente bajo la sotana, que el año pasado hizo latir mi corazón bajo mi capa de seminarista”.
Desde los diecinueve años que tiene, Léonard quita calor al fuego prefigurando casi como un conjuro el resto de sus días; visiona que tendrá una parroquia y una modesta sirvienta en una rica población y, en cuanto a esa pasión que siente por Timotina, cree tenerla bajo control, sólo fantasea con que algún día ella acuda a confesarse con él.
Hacia 1871 Arthur Rimbaud escribió Un corazón bajo la sotana. Intimidades de un seminarista. Su profesor, George Izambard, conservó el manuscrito que nadie se atrevió a publicar hasta 1924, cuando André Breton y Louis Aragon, lo incluyeron en la revista Littérature, y después en La antología del humor negro que Breton preparara.
Almaqui Editores publica en 2012 la primera traducción mexicana de Un corazón bajo la sotana. Una edición bilingüe, traducida y presentada por Miguel Ángel Flores. Compárese con Poesías y otros textos de la española Hiperión, también bilingüe, y apreciará la buena labor de Flores, quien anota que Rimbaud plasmó toda su rebeldía contra los rancios burgueses y los hipócritas y degenerados sacerdotes que conoció en su pueblo natal, Charleville.
La vena poética de Léonard en el ambiente enrarecido del seminario
—intrigas, desaseo, testosterona, sudor, pulsación sexual, flatulencias—, sublima la inquietud física que le causa Timotina, escribiendo loas a la Virgen, a quien no puede evitar preñar en algún verso.
El Superior lo reprende en privado, y de paso lo somete: “Acercaos, de rodillas, más cerca de mí; lo quiero interrogar con dulzura; responda, ¿usted abre mucho las piernas en el salón de estudios?”. “Puso su mano sobre mi hombro, alrededor del cuello, y me hizo decir cosas sobre esa separación de piernas”.
No menos lascivos y malvados son sus compañeros. Saben que escribe versos y lleva un diario; lo instigan preguntando por su cítara, por la lira. Aquella bajo la sotana de seminarista. Rimbaud lamenta que ni siquiera su poesía esté libre de alusiones fálicas. Como en su poema “Sol y carne”, donde “el mundo vibrará como una inmensa lira/ en el estremecimiento de un inmenso beso”.
Existe la versión de que Un corazón bajo la sotana es la parodia no exenta de sátira y crítica social, de Jocelyn, novela de Lamartine, donde un sacerdote enamorado lucha por evitar la tentación erótica. Para Paul Claudel, poeta converso, Rimbaud era un místico en estado salvaje. Estudió en un colegio católico y fue un infante fervoroso hasta que conoció las contradicciones de la Iglesia. De adolescente mantuvo una relación tortuosa con el cristianismo. Tras recelar, maldecir, y caer en el infierno, encuentra su purgatorio: alterar los sentidos como una forma de expiación.
