Santiago Genovés

Gutierre Tibón es un caso insólito, totalmente insólito por su dedicación a abundar en el conocimiento, a ir en busca utópica de ese más allá que a veces se encuentra, desde luego si estamos en la locura, a ir en busca del conocimiento. Así este muchacho es un loco utópico es lo que hay que hacer en esta vida, no se puede hacer otra cosa.
Después de oír analizar su amplísima obra por quienes me han precedido, voy a decir algunas cositas. Antes de que Hoffstadter, habéis oído hablar de Hoffstadter, en —Una eterna trenza dorada— uniese música de Bach, al grabador Escher, ése que hace los grabados y el agua sube y une las matemáticas de Godel que toma de Epiménides la paradoja del mentiroso y une estas tres cosas que parecen tan disparejas.
Bueno, antes de que Hoffstadter publicase su libro en 1979, ya este muchacho, y en serio lo digo, este joven, ya entre lingüística, etnología, etnografía, historia, filología y filosofía había unido lo que parecía que no se podía unir, que es lo aparentemente disparejo.
Yo he tenido la suerte en esta vida de conocer algunos sabios, Gutierre es uno de ellos y son pocos los que van más allá, mucho más allá del conocimiento que ellos recogen en sus libros.
Yo navego, en el sentido más positivo, en el ámbito de la arqueología del saber. El título de un libro de Foucault, La arqueología del saber, antes y no voy a ser erudito, no viene al caso, Von Newman nos da la teoría de los juegos y el del dilema del prisionero Morgensten, uniendo cositas. Se trata de ir al pasado para entender el hoy, que si no, no se entiende. Pasado y presente sí unen.
Y claro, es muy normal que mexicanos de nacimiento que creen y crean nuestra cultura: Leopoldo Zea, José Luis Martínez, que tuve el gusto de hablar con él hace un momento, Pepe Iturriaga, Andrés Henestrosa, Jaime Sabines, Miguel León-Portilla, Silvio Zavala, etcétera, mexicanos, se ocupen de lo mexicano desde muchos aspectos, pero que venga un milanés de Milán y se ocupe tanto como el que más de nosotros, eso, vale decir, es insólito.
Ya Samuel Ramos en El perfil del hombre y la cultura en México, Jorge Portilla, que murió joven en La fenomenología del relajo, Santiago Ramírez en La psicología del mexicano, José Gaos, por él mismo y a través del excelso grupo de los Hiperiones, nos dieron un valiosísimo acercamiento. Bueno, de todo esto, uniéndolo, es de lo que ha vivido y nos ha dado vida Gutierre Tibón.
Yo sólo conozco a dos en el planeta que se han salido de su cultura y hacen cultura en otra cultura, uno es Nabokov, el de la Lolita que todos hemos visto en película y que escribe en inglés que no es su lengua y el otro es el de Esperando a Godot, Becket, que escribe en francés más allá o más acá de su cultura original. También, este muchacho, se ha hecho mexicano y nos ha dado tanto como estos dos citados y no conozco a nadie más.
Tiene 41 libros, todos los trabajos del mundo pero me voy a referir a ellos. Sí quiero referirme a siete características del hombre Gutierre Tibón, la primera es la amistad, ¿Quién no es amigo de Gutierre Tibón, en todo México y en muchas otras partes? Como hay otro muchacho que ya había muerto en desigual batalla cuando Gutierre todavía ni nacía y que también tuvo tres patrias: Cuba, España, México; José Martí. Diré para ti amigo Gutierre. Dice José Martí: “Tiene el leopardo un abrigo en su monte seco y pardo: yo tengo más que el leopardo porque tengo un buen amigo. Duerme, como en un juguete, la mushma en su cojinete de arce del Japón: yo digo: no hay cojín como un amigo. Tiene el conde su abolengo, tiene la aurora el mendigo: tiene ala el ave: ¡yo tengo, allá en México, un amigo! Tiene el señor presidente, un jardín con una fuente, y un tesoro en oro y trigo: tengo más, tengo un amigo”. ¿Cuál es la otra característica que yo le veo a Gutierre?: Amor. ¿Sabéis vosotros por qué estáis todos aquí sentaditos y los de la mesa de arriba también? Porque vuestros padres se enamoraron, porque si no se hubiesen enamorado, no estaríais aquí. Hay una copla ñamenca aplicable a los riquillos de las Lomas o del Pedregal aunque estadísticamente despreciable: “Ayer me dijo Pascual que si casó con Inés no fue por el interés sino por el capital”.
A Gutierre le interesa mucho el flamenco, a mí también. Y da la casualidad que lo que más tiene, lo que más caracteriza a Gutierre es el amor a la querida Cristina, su señora, y a todos; él ha sentido amor por donde ha ido, entendiendo a México tanto como el que más. Tiene Gutierre un sentido místico, un sentido trascendente.
Estamos en la Casa Jaime Sabines. Se me ocurre de otro gran poeta: San Juan:  “En un amoroso lance y no de esperanza falto subí tan alto, tan alto que le di a la casa alcance”. Y también: del mismo San Juan: “Por toda la hermosura nunca yo me perderé si no por un no sé qué que se gana por ventura”.
En ello es y está este jovencito llamado Gutierre Tibón. Desde luego ha habido en su tierra otros como este muchacho italiano; Dante, está entre el amor, el infierno, el cielo y la tierra, llegando a volar muy alto.
Esencial para mí de Gutierre, es el juego, ya que estáis también todos aquí porque hace cinco millones de años unos ancestros empezaron a jugar con unas piedritas, ¡ahí te va! y luego las arreglaron y luego de ahí la luz eléctrica, la tv, el teléfono y hasta los micrófonos.
Todo lo que ha hecho en su vida Gutierre, los 41 libros han sido jugando, sin tomarse en serio, jugando culturalmente y ya que todos conocéis el final de La vida es sueño de Calderón de la Barca que nos dice: “Que toda la vida es sueño y los sueños sueño son”. Yo no soy Calderón de la Barca pero estoy marcado por ser Genovés de las Balsas. Acuño ahora: “Que toda la vida es juego y los juegos vida son”. Lo que le va bien a Gutierre y aquí está Gutierre para demostrarlo.
Sentido de aventura, otra cualidad esencial de Gutierre, o sea la de ir en busca de lo que no sabemos y vamos a ver si encontramos algo útil, necesario, ético y bello. Este muchacho Gutierre siempre ha ido por ahí. Federico García Lorca, y se lo voy a trasladar a Gutierre. Gutierre tiene sentido y ha tenido toda su vida de la aventura, algo fundamental en él y que otorga sentido a la vida. Siempre con un afán de conocimiento, con una alegría de entender. Vosotros conocéis tal vez a más, yo he conocido a tres, uno, Buñuel, con una mirada siempre de niño otra, mujer: Frangoise Giroux la gran Frangoise Giroux, francesa, el otro Luis Rius asombrados siempre del misterio de la vida: cualquier cosa como a un niño les interesaba.
Gutierre sigue siendo un niño. Un niño con sencillas palabras. Yo me atrevo a decir que Gutierre es la palabra de México. Y ya para terminar, se me ocurre lo siguiente: hoy aquí reunidos, Gutierre, tus amigos te decimos: tú siempre dando y dando, nosotros todos recogiendo, escuchando. En este día señalado, nos reunimos para reconocer Gutierre lo que das y has dado a este generoso México. Yo también vine de refugiado, y como tú, me enamoré y me quedé. Como tú. Viva México, querido; viva la Italia inmortal que tú, Gutierre amigo, eres de aquí y eres de allá en tu mente reunidos por toda la eternidad.