Compromiso social
S. Nadyeshda Torres Moreno
El maíz es el alimento básico del mexicano, la alimentación en el ser humano es un derecho que se logra cuando se tiene seguridad alimentaria, por lo cual es importante incrementar su producción.
El aumento de la producción agropecuaria orientada a la generación de alimentos básicos de consumo interno debe constituir una prioridad en cualquier estrategia de desarrollo económico.
Este postulado de orden general adquiere matices de acuerdo con las características de cada nación, pero resulta categórico en un país como México, en función de su población, territorio y condicionantes socioeconómicas.
A partir de los años ochenta surge el concepto de autosuficiencia alimentaria, posteriormente evolucionó a seguridad alimentaria, conociéndose hoy en día como soberanía alimentaria, concepto que lleva implícito el reconocimiento a la importancia del sector primario en la producción y que la nación debería tener atribuciones para incidir en las condiciones y el entorno de los productores rurales para mejorar sus condiciones de vida.
Cabe destacar que en años recientes la producción de maíz ha ido disminuyendo debido a la falta de tecnología, al crecimiento urbano, minifundismo, el cambio climático y la sustitución por otros cultivos.
El maíz y su productividad
El cultivo de maíz tiene gran relevancia económica en México, es el más importante por varias razones, toda vez que se producen alrededor de 21 millones de toneladas anuales en una superficie de 7.5 millones de hectáreas y es el que presenta un mayor número de productores, con 3.2 millones, en su mayoría ejidales (sólo existen 4 millones de productores agrícolas en el país). Además, alrededor del 90% de la producción es de maíz blanco y se destina al consumo humano.
Existen dos tipos de productores de maíz: el primer grupo, donde se encuentra la mayoría (92%), posee predios entre cero y cinco hectáreas y aportan el 56.4% de la producción total. Aproximadamente, el 52% se destina al autoconsumo, en 2012 sus rendimientos fueron de 3.19 toneladas por hectárea de acuerdo a lo señalado en la estadística del Sistema de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) de la Sagarpa.
En el segundo grupo sólo está el 7.9% de los productores, con predios arriba de cinco hectáreas y aportan el 43.6% del volumen total. Sus rendimientos son superiores a las 3.2 toneladas por hectárea y únicamente se destina el 13.55% de su producción al autoconsumo.
Problemática en la distribución y comercialización
En los últimos cinco años la importación de maíz ha sido principalmente del tipo amarillo, destinándose cerca del 70.5% al consumo pecuario, 25% a la industria del almidón y una pequeña porción a la producción de cereales y harina.
A finales de los años noventa se procedió al desmantelamiento del sistema de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo), cerrando la red de Bodegas Rurales Conasupo, S. A, (Boruconsa), licitándose las bodegas de Almacenes Nacionales de Depósito S. A. (ANDSA) en las principales áreas urbanas y terminales portuarias, además de privatizar Masa Industrial S. A. (Minsa). A la fecha, el gobierno federal conserva la comercializadora Leche Industrializada Conasupo, S. A. (Liconsa) y la Distribuidora Conasupo, S. A. (Diconsa).
Como parte de la estrategia de fomento de la política agrícola, les corresponde a dos organismos gubernamentales integrar la cadena de productividad del maíz y otros productos del campo, Diconsa y Aserca.
Diconsa
Es la única empresa mayoritaria que pertenece al gobierno federal, sectorizada en el rubro social, y sobrevive con una red de abasto comunitario. Esta filial carece de la infraestructura necesaria y los instrumentos operativos y logísticos que puedan regular el mercado del maíz y el proceso de producción de la tortilla; su esquema de operación es a través de empresas privadas con influencia y enfoque globalizador.
Actualmente, el productor está descapitalizado, absorbe las fluctuaciones del precio del maíz, no tiene una estabilidad comercial lo que repercute en la baja productividad del campo, de acuerdo con lo siguiente:
- La inexistencia de un estímulo directo al productor del maíz.
- Con frecuencia los apoyos productivos dirigidos al campo sólo favorecen a los grandes productores.
- La estructura del mercado del maíz corresponde a una figura monopólica, que condiciona el bajo precio del producto.
- Falta de mayores incentivos a las unidades de producción lo que genera cambios en el uso y aprovechamiento del suelo.
Aserca
Es la encargada de apoyar e impulsar la comercialización agropecuaria, mediante incentivos a productores y compradores de granos y oleaginosas, que se otorgan sobre una base selectiva por región; fomentando mecanismos de mercado y esquemas de negociación entre productores y compradores; estimulando el uso de coberturas de riesgos de precios; generando y difundiendo la información de mercados, e identificando y promoviendo las exportaciones.
Un punto importante que no se ha analizado es el apoyo al impulso de la comercialización agropecuaria para alcanzar una mayor productividad incentivando a los productores de granos y oleaginosas.
Conclusiones
En la última década, México ha perdido terreno en el renglón de la producción de maíz y aumenta su dependencia hacia el exterior mediante la importación de mayores cantidades de grano para su consumo interno, así mismo ha tenido menor participación en la comercialización y distribución de alimentos a empresas foráneas de carácter transnacional.
El gobierno federal no dispone de centros de acopio, almacenes urbanos e incluso de terminales portuarias para el manejo del grano.
Un alto porcentaje de las importaciones de maíz y de otros granos y oleaginosas, se operan por las mismas empresas transnacionales, razón por la cual el gobierno federal tiene acotada su capacidad de maniobra para intervenir, quedándole sólo instrumentos normativos.
Este trance dejó evidenciada la debilidad del gobierno para actuar con eficacia, eficiencia y oportunidad en el ordenamiento del mercado alimentario; remarcándose una vez más que el abasto de alimentos, además de ser un aspecto esencial de la política económica, representa una insoslayable obligación de atención por parte de la política social.
El combate a la pobreza debe empezar por la revisión de la política económica, reafirmando la estrategia de desarrollo de nuestro país y velar por la economía de los productores como prioridad social para una mayor productividad en el campo y una mejor alimentación a nuestra sociedad.
Si el gobierno federal promueve un estímulo a través de los programas sociales por hectárea o por tonelada al pequeño y mediano productor de maíz, contribuirá para alcanzar la soberanía alimentaria, disminuir el rezago económico, mejorar el nivel de vida de la población, mejorar el abasto en tiempo y forma, mejorar la nutrición de su población, y lo más importante, fijar las bases para que la actividad sea más rentable, productiva y competitiva, aun bajo las condiciones que establece el mercado a fin de corroborar que los subsidios aplicados beneficien la economía del productor y se trasladen directamente al consumidor, y así mejorar el volumen y costo del flujo de las importaciones en el consumo interno del país.
Asegurar el suministro alimentario básico desde la raíz, desde el campo y su gente, en cantidad, calidad, disponibilidad y precio justo a las mayorías (productor-consumidor), es un compromiso social sustantivo de la rectoría económica del Estado.
Médico veterinario zootecnista, UAEM. Lic. en Derecho, Universidad Latinoamericana. Doctorado en Bussiness Administration, Univ. Iberoamericana- Universidad de Bruselas, Bélgica.
