El diseñador Oscar de la Renta había hecho oficial solo unos días antes de su fallecimiento la contratación de Peter Copping, procedente de la casa Nina Ricci, para hacerse cargo de la creación en su propia casa. Es como si una vez elegido su “delfín”, el gran maestro se hubiese apagado, dando por terminada su obra y dejándose ir.
De la Renta, quien murió en días pasados a los 82 años víctima de cáncer, tuvo una infancia cómoda y feliz en una familia dominicana de origen español. Fue el único niño en una familia de siete. Sus hermanas, su madre, sus amigas, sus esposas… Siempre estuvo rodeado de mujeres, a las que sabía conquistar y convencer.
De niño, quiso ser pintor. Convenció a su padre para que le dejase viajar a Madrid e ingresar en la Real Academia de San Fernando. Su capacidad de dibujar modelos le hizo subir los primeros peldaños en el mundo de la moda: Balenciaga le contrató para que pintase vestidos que luego se mandaban por carta a las clientas de diversas ciudades. De allí se marchó a París, donde comenzó colaborando con Antonio del Castillo, por entonces creador de la casa Lanvin.
Años más tarde dio el salto a Nueva York, donde fue recibido por la admirada y temida Diana Vreeland, entonces directora de la revista Vogue. Oscar venía con una recomendación muy especial: la de Francoise de Laglande, editora de Vogue París, que más tarde se convertiría en su esposa. Ella lo convenció para no aceptar otros puestos y crear su propia marca en 1966.
Exigente, puntilloso, inteligente, rápido, respetuoso y sociable, conquistó con sus colecciones a Jackie Kennedy y eso le abrió las puertas a la Casa Blanca. Desde entonces, ha vestido a casi todas las primeras damas—con la excepción de Michelle Obama— cansadas de contar con Bill Blass y Geoffrey Beene para todas sus fiestas. Su especialidad siempre fueron los trajes de noche.
Tras enviudar, Oscar se casó con Annette Reed, con la que vivió hasta el último momento. La hija de Annette—Eliza— y su marido, Alexander Bolen, están a cargo de la empresa desde hace varios años.
En 2013, De la Renta recibió el “Oscar de la moda”, el premio CFDA, otorgado por los diseñadores norteamericanos. La presencia de una agradecida Hillary Clinton, a la que en más de una ocasión echó una mano con su falta de estilo, se sumó a la de centenares de personalidades del mundo de la política y la moda.
El vestido de novia de Amal Alamuddin, la mujer de George Clooney, ya se ha hecho famoso por ser su última obra. De la Renta hizo un esfuerzo por aparecer al final de su maravilloso último desfile en Nueva York, el pasado 9 de septiembre. Ha dejado las riendas de su legado a un equipo de su confianza. Así Oscar, digno y elegante hasta el final, será irrepetible.
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