Ahumada, Robles, PRI, PRD

René Avilés Fabila

La política no es el arte de llegar a acuerdos ni de sumar fuerzas y menos de llevar a cabo grandes proyectos de reconstrucción en México. Es simple y llanamente la habilidad para generar intrigas, despertar sospechas y formular acusaciones simplistas. A eso nos han acostumbrado el complicado y perverso sistema político mexicano y los medios de comunicación. En este juego, más que arte, los distintos niveles del poder contribuyen. Carecemos de datos, de información precisa, no existe la famosa transparencia que tanto presumen y al final todos sospechan de todos y el lodo circula con entera libertad por las redes sociales.

Ahora regresa Carlos Ahumada, el célebre empresario, y demanda al PRD, exige vía judicial para que le regresen más de 500 millones de pesos que le fueron entregados en diversos préstamos. Nadie puede olvidar que en efecto grandes sumas de dinero le fueron entregadas a varios afamados perredistas capitalinos.

Lo vimos en la televisión una y otra vez en la época en que Andrés Manuel López Obrador era justamente el jefe de Gobierno. El escándalo fue mayúsculo en especial porque Ahumada era la pareja sentimental (espero que así se diga) de Rosario Robles. Fue sin duda un feo asunto, sucio y vulgar. Pero nunca quedó nada en claro, al contrario, fue confuso, muy en el turbio mundo político.

Hasta allí las cosas son claras, “transparentes” como les gusta decir a los funcionarios y líderes. Ahora vienen las sospechas y las acusaciones. Algunos perredistas acusan al PRI de Enrique Peña Nieto de ser cómplice de Ahumada para disminuir su poderío. La verdad es que todo se me ocurre menos que el priismo tenga en estos momentos necesidad de disminuir el peso del PRD. Él solo lo ha perdido. Tanto las pugnas internas como las frecuentes acusaciones de corrupción han logrado hartar a la sociedad, entre otros sectores, a los capitalinos que los ven trabajar de cerca.

¿Para qué golpear a la “izquierda” si algunos de sus principales dirigentes suelen flanquear a Peña Nieto, y hasta Miguel Mancera presume su buena relación con el presidente? Al contrario, es pública la buena relación entre ambos partidos. En estos momentos al PRI no le preocupan el PRD ni el PAN, sus hábiles estrellas ya aprendieron a coexistir con el “enemigo”.

Valdría más la pena buscar las fallas del PRD en sus problemas internos que buscar que Rosario Robles, flamante activista del presidencialismo mexicano, sea llevada ante las autoridades judiciales. El PRD trata de dar otra imagen menos agresiva que la que solía brindar como espectáculo, ahora sería el momento de buscar que en efecto tal partido posea una ideología de izquierda.

Los líos con Ahumada son polvos de aquellos lodos. Necesitamos ver una lucha política más o menos limpia, decente, que quienes participan en ella no busquen el dinero, el poder, que desaparezca la necesidad de hacer negocios en el aparato estatal. Si nos acercamos a eso, el país respirará aliviado.

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